miércoles, 23 de noviembre de 2016

Lisboa (Parte1: Retrosaria Rosa Pomar)

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En mayo fuimos a Lisboa. Fue un viaje lindo donde los haya. Corto, de jueves a domingo, pero aprovechadito al máximo. Cientos de fotos (que acabo de terminar de editar) lo atestiguan. Si no nos hubiera diluviado el segundo día, habría sido incluso mejor, porque tuvimos que volver hasta en tres ocasiones al hotel para cambiarnos de ropa. Era como si todos los angelitos del cielo estuvieran haciendo pis al mismo tiempo. Supongo que el Tajo tampoco ayuda mucho y aporta el viento a la lluvia, con lo que las calles del centro de la ciudad parecía un cementerio de paraguas abandonados.


Con este viaje, ElDuende ha entendido que una parte imprescindible de la decisión sobre qué ciudad visitar, además de investigar su historia y qué monumentos, museos y catedrales hay... va a ser... mirar el knitmap para ver si existe alguna tienda de lanas interesante. Aunque en este caso, yo ya conocía la tienda de Rosa Pomar e incluso había hecho alguna que otra compra en su tienda online.


Y, en segundo lugar, ha entendido que si una servidora puede estar seis horas entre castillos catedrales y museos, no pasa nada porque él esté un ratito esperando, mientras yo olisqueo, manoseo y estudio detenidamente ovillos de lana. La vida es así. Quien dice un ratito, dice 45 minutos; a fin de cuentas, se trata de un momento perfecto para descansar, estar cómodamente sentado y hacer un repaso detenido de la guía de viajes.


De la tienda he de decir que es la que más merece la pena de Lisboa. Siempre y cuando no quieras comprar simplemente acrílicos, algodones o lanas katia normalitas, que es lo que vas a encontrar en el resto de las retrosarias de la ciudad. Además de un buen arsenal de Debbie Bliss y Malabrigo, disponen también de Opal, Katia, Schoppel, Noro...



También tienen calidades de fabricación portuguesa y marca propia, Rosarios. Las lanas de cobertor son muy ásperas y valen para el fin que están hechas: mantas rudas. Tienen unos colores muy bonitos, pero al tacto... uf!


Sin embargo, también tienen algodones, como la Rosarios 4 For Nature Print, con una gama de color preciosa y lanas más amorosas como la Joao, una merino apropiada para hacer cositas de bebés y niños, con colores suaves y tacto delicado.


La decoración es muy vintage, con muebles reciclados y materiales naturales. Deliciosa. Además, cuenta con un rincón muy chulo para que los niños jueguen mientras los papás y/o mamás compran. Ovillos, cintas, libros en inglés y portugués, agujas, telas para hacer patchwork... Eso sí, para comunicarte con la dependienta, imprescindible un poquito de inglés o francés, porque no habla nadita de español.











En suma, una tienda que, aunque alejada del centro y escondida en la planta alta del número 61 de la Rua do Loreto, merece la pena visitar. Abre en horario continuo, desde las 10:00 hasta las 19:00 horas (incluidos los sábados). Si te cuesta ubicarte en la zona, fíjate en los buzones de la entrada, que son así de lindos y llamativos, cuando los veas, indudablemente sabrás que has llegado...



Para casa me traje bajo la lluvia (cómo no?) un alijo lanero, pero, queridos lectores... esa es otra historia... 



miércoles, 7 de septiembre de 2016

Mesa de estación: verano (Nature table: summer)



Casi casi se nos acaba y nosotros hemos hecho este veranito montones de cosas. Tantas tantas... que para no variar no sé de donde sacar el tiempo para escribir. Cada día escribo un post en algún momento. Lo escribo... en mi mente... porque no llego a tocar el ordenador!!!!

Este viene a ser el propósito de la rentrée. Me parece escuchar entre los aplausos y vítores un... "a ver si es verdad, guapita!! que eso lo hemos escuchado un montonazo de veces!!! Que sí, lectores y lectoras de poca fé... que me voy a proponer en firme recuperar este hábito... 


Porque aunque no lo parezca, tengo teras y teras de fotografías súper chulas. He seguido tejiendo (despacito). Comprando cuentos. Jugando. Haciendo muchas tartas y galletas y bizcochos y mermeladas. Viajando. Con muchos cambios relindos y con una vida maravillosa y tremendamente feliz y llena de anécdotas para contar. Pero con poco tiempo. Yo lo intento. Intento estirar las horas y alargarlas, pero no hay manera.


Jorge está graaaaaaaaande, pero sigo igual de enamoradita de él (si cabe, cada día un poquito más, como los buenos amores... Eso sí que fue un flechazo!!) A puntito de cumplir los siete años y de empezar en segundo curso de primaria. Uf uf uf...

Así que para lanzarle un brindis al sol y animarlo para que aún no se vaya y nos deje al menos un mes más de tardes de playa... Traemos nuestra mesa de estación del verano.


Toda la etapa de infantil de Jorge la pasó en una escuela de pedagogía Waldorf y ello nos dejó gratas costumbres, como la de las mesas de estación, que cambiamos, evidentemente, con el devenir de las estaciones. No solo es un adorno. Jugamos con las figuras que la componen. Hacemos historias. Añadimos detalles. A Jorge le encantan las hadas y las sirenas. Así que esta mesa se ha convertido en una de sus favoritas.


Piedras de la playa, caracolas, conchas, un barquito que teníamos del cole del año pasado hecho por Jorge con una tusa de millo, una gambita que le hice tejida cuando era más chico, un caballito de mar que le hizo Siona cuando nació, sirenas hechas con mucho mimo en el taller de Aida y... un poquito de imaginación!!!

domingo, 4 de octubre de 2015

Misquesitos.com

Esto podría convertirse en un apartado de crítica gastronómica, aunque por lo pronto, solo pretende poner de manifiesto pequeños sitios que me han enamorado y en los que no he podido resistirme a hacerles montones de fotos.
Como es Misquesitos.com, una pequeña tasca en Arrecife con un sabor especial, atendida por Celso, de una forma tan agradable y familiar que al final parece que lo conocieras de toda la vida. Recuerdo que hace un montón de años vi una peli de una chica francesa que su mayor ilusión era ser pastora de ovejas en los Pirineos. A Celso me lo imagino algo así. Ingeniero químico de formación, parece en las venas no llevara sangre, sino leche de cabra. Trae quesos de las siete islas y por supuesto, los tiene de cosecha propia, fabricados en vivo y en directo (para quien lo quiera presenciar) en la quesería de la propia tasca. 

Aúna en un mismo sitio dos de mis centros de atención: queso y vino. Cuando era pequeña vivía a lo Heidi, rodeada de cabras y vacas. De mayor, mi viñedo y el interés cada vez más creciente por los buenos vinos.
Cata de quesos a cual más delicioso. Venta de vinos con D.O. de Lanzarote (Bermejo, Rubicón, El Grifo, La Grieta,...). Cervezas artesanales canarias (Gara,...). Mermeladas caseras ricas.
Solo hay que llevar buena compañía. El resto lo pone Misquesitos.com...















domingo, 23 de agosto de 2015

Bailamos?


Mi padre me enseñó a bailar cuando yo tenía unos seis años. En el verano, la actividad lúdica más importante eran las verbenas de las fiestas de los pueblos. Y allí nos llevaba mi padre a mi hermana y a mi. Recuerdo que la gente nos hacía corros a los dos mientras bailábamos y no paraba de presumir de lo bien que bailaba su pequeña. Después, mi hermana tuvo un novio venezolano (con el que casualmente aún sigue casada) con el que perfilé la técnica de los pasitos y las vueltitas. Hasta ser capaz de dar un millón sin marearme ni perder el equilibrio. Esa fue mi escuela. Ni academias. Ni profesores. No sé hacer miles de pasos de baile, ni saltos de trapecista, ni nada de eso. Siento la música y me dejo llevar. Los pies y las caderas se me mueven sin pedir permiso. Nomás. Supongo que también tendrán algo que ver mis raíces cubanas. Mi mamá trajo de su isla una maleta cargada con el danzón, el son y la guajira, incorporando más adelante, como iconos musicales a Celia Cruz y a Gloria Estefan.

Es curioso, nunca me ha gustado mucho bailar sola. Cuando lo hago, me parece que me falta algo. Un alter ego en el que verme reflejada y me guíe o a quien guiar. Supongo que no deja de ser una metáfora de mi vida...

Recuerdo a pocas buenas parejas de baile. Una de las mejores fue en la universidad. Había fiesta en mi colegio mayor. Bailamos toda la noche, prácticamente sin hablar. Hasta el punto que nunca supe su nombre, ni volví a verlo. Memorable. 

Escuchar la música. Encontrar el ritmo y seguirlo. Olvidarte de los pies (de los propios y de los ajenos). Sostener la mano del otro, suavecito, sin apretar. La otra mano en el hombro, la suya en tu cintura. Sentir el aliento. El sudor. Un cuerpo como continuación del otro. Cerrar los ojos y dejarse llevar. Hasta que desaparezcan los cientos de personas que pueda haber en la pista.

No puede haber en el mundo nada más erótico y sensual.

Para mi, bailar es como el sexo. Encontrar una buena pareja para lo primero es casi tan gratificante como encontrarla para lo segundo. La conjunción de ambas, no debe de ser otra cosa que una alineación planetaria que solo sucede una vez en la vida.
 

"Ir en el ritmo como una nube va en el viento
No estar en, si no ser el movimiento

Cerrar el juicio, cerrar los ojos
Oír el Clac con que se rompen los cerrojos

Bailar, bailar, bailar, bailar
Me guías tú o yo te guío

Será que me guías tú o que yo te guío
Mi cuerpo al tuyo, y el tuyo al mío

Los dos bebiendo de un mismo aire
El pulso latiendo y el muslo aprendiendo a leer en braille"

Jorge Drexler, Bailar en la cueva.

sábado, 1 de agosto de 2015

Cuánto dura el enamoramiento?

Hace un tiempo, le pregunté a algunos de mis amigos qué creían que debían tener sus parejas para ser perfectas para ellos.

Me hablaron de complicidad, inteligencia, risas, comunicación, buen sexo,...

Pero sin duda, la respuesta que más me sorprendió fue la de quien me dijo que el amor perfecto es el que no llegas a tener nunca. El que anhelas pero no lo alcanzas. Porque así nunca va a verse emponzoñado por la rutina. Y puede ser que tenga parte de razón. La rutina es la peor enemiga de la pasión. Pero me niego a creer que esa ecuación sea así de simple. 

Yo creo que una parte del enamoramiento debe perdurar siempre. Es verdad que es imposible que sea con la misma intensidad que al principio, cuando solo vives en las nubes y piensas en "pajaritos preñados" todo el tiempo. Pero una parte de esa magia siempre tiene que estar ahí. Revivirse en cada encuentro y en cada despedida, aunque la despedida sea solo para irse a trabajar por la mañana.

Cuando empiezas una relación con una persona, siempre hay alguien que te dice "aprovecha, que esto solo dura un par de meses". Hay montones de psicólogos de la personalidad que han analizado exactamente cuánto dura la etapa de enamoramiento. Pero... cómo se puede poner fecha de caducidad a algo que puede ser tan variable como los propios individuos?? Cierto es que los niveles de oxcitocina van disminuyendo ante el mismo estímulo si este se presenta siempre igual, pero también lo es que depende de nosotros el que cada día sea diferente. En lo que sí estamos de acuerdo es en que hay que currárselo cada día. Da igual que lleves un año o dos o diez.  Todos los días. Los abrazos robados en la cocina preparando la cena. Las copas de vino en el sofá. Las peleas con la boca llena de pasta de dientes en el baño. Que te retuerzas de risa porque te matan a cosquillas en la cama. Olvidarte de que existe el televisor porque prefieres compartir las tonterías que te han pasado a lo largo del día o los miedos que te atenazan.

Cuando nació mi hijo, yo sentí que tenía que volcarme totalmente en él. Olvidándome del resto. Mi espíritu de loba me llevó a centrarme en el cachorro noche y día. Por completo. No me arrepiento, pero hoy creo que debe haber espacio para todo. Para el bebé. Para la relación de pareja. Para la familia. Para una misma. Es compleja la búsqueda de ese equilibrio, pero es sumamente importante.

Probablemente porque he tenido una vida cómoda (entiéndase por ello, tener las necesidades básicas cubiertas), he llegado a la conclusión de que no la quiero, si no trae aparejada cada mañana, las ganas irrefrenables de mirar al otro lado de mi almohada y sentirme la mujer más feliz del mundo mientras espero puntual, un beso de buenos días acompañado por una sonrisa. No quiero vivir sin ese cosquilleo. No quiero. Si no es así, no me sirve.



"No me sirve."
Si no empieza por "A" nuestra alegría y no es mayúscula no me sirve. 
Si no tiene parques dibujados en los ojos, 
si no pone tobogán a los abismos no me sirve. 

Si no hay una línea de alta velocidad entre su boca y la mía no me sirve. 
Si no distingue que entre plena y pena 
hay mucho más que una letra de distancia no me sirve. 

Si no está enamorada de nosotros no me sirve. 
Si no me desordena la sangre pero pone en pie el resto de mi vida, 
si no besa como si lo fueran a prohibir no me sirve. 
Si no siente que entre el gobierno y nosotros hay algo personal, 
si no acepta que sin mi será feliz pero que no será lo mismo no me sirve. 

Si no me deja besos grapados en los bordes del alma, 
si no piensa que estamos unidos sin remedio 
como lo están la palabra tren y despedida, no me sirve. 
Si no me ha cambiado el futuro no me sirve. 

Si no toma café por las mañanas, 
si no habla como tú, toca como tú, vibra como tú, 
si no llora como tú, si no la conocí tras un concierto,
si no se llama María no me sirve.

No me sirve.
Lo siento.
No me sirve."

MARWAN, 2015 - Todos mis futuros son contigo
 

domingo, 19 de julio de 2015

El secreto de las tortugas.


No hace demasiado tiempo, cuando descubrí a Maldita Nerea (yo, como Colón, que descubrió América mucho después de que fuera descubierta por los nativos), no me la sacaba de los oídos. Me gusta El secreto de las tortugas. El video es una adaptación de la fábula de la liebre y la tortuga, donde reivindican que las cosas se hagan despacito. Sin prisas. De esta forma, seguroseguro que saldrán bien.


Así que no es casualidad que MiMasMejorAmigo me llame tortuguita. Siempre me reprocha que tomo las decisiones de forma demasiado lenta. Que las cosas que hay que hacer, mejor hacerlas cuanto antes. Que por mucho que quiera cubrir todos los frentes, siempre va a haber alguno que se quede descubierto. Que me arriesgue. Que hasta las tortuguitas se tiran a la piscina. Puede ser. No hay nada que te libre de cometer errores, pero lo cierto es que hay más probabilidades de no conseguir los objetivos si no valoramos las consecuencias de cada alternativa (que no es otra cosa que el pensamiento consecuencial, uno de los cinco pensamientos que proponían Spivach y Shure, fundamentos de las relaciones interpersonales)

Me vino a la cabeza ayer que a mi mamá un gran amigo suyo le decía My slow but sure. Asi que debe ser que de casta le viene al galgo. Voy despacito. Soy reflexiva y rumiante. Puede que hasta la exasperación. Pero siempre alcanzo la meta. Aunque me cueste. No soy de los que dejan los caminitos a la mitad. Y no acostumbro a dar marcha atrás. No consulto a los astros ni al horóscopo chino. En este caso, durante un período de tiempo bastante largo me he dedicado a mirarme pa'dentro y a intentar escuchar y entender lo que decían mi piel y mi barriga.

Paso 1: valorar, meditar, reflexionar (el tiempo que sea menester)
Paso 2: tomar la decisión
Paso 3. actuar en consecuencia

De modo que estamos en el paso 3. Trabajando los cambios necesarios para acomodarnos en la decisión tomada. Ajustes. En todos los sentidos. Temporales. Espaciales. Emocionales.

Jorge tiene un cuento sobre una tortuga. Nos encanta. "La tortuga que quería dormir". Deliciosamente ilustrado por Alessandra Cimatoribus. La tortuga tenía tanto sueño que pensaba que iba a dormir todo el invierno, pero una visita tras otra, a quienes atendía siempre amablemente y con una sonrisa, le impedían llevar a cabo su objetivo, hasta que vino el león y se quedó a custodiar su puerta espantando visitas y problemas. De modo que la tortuga por fin pudo descansar. Y parece que sí. Que el secreto para dormir más de tres horas por noche no es tanto que tú tengas sueño como que los pensamientos grises dejen de tocarte en la puerta continuamente. Ni que decir tiene, que el hecho de que tengas un león en la puerta... ayuda sobremanera, para qué vamos a negarlo...


Un día, Jorge me regaló un dibujo. Una mariposa. Una tortuga. Un castillo. El no lo sabía... sin duda, era perfecto para nosotros...

domingo, 12 de julio de 2015

Tanto que contar.

Tengo tanto que contar... que las palabras se me amontonan y se pelean por salir disparadas de los dedos en el teclado...

Cómo puede ser que haga un año de mi último post? Algunos (los menos, lo sé), pensarán que no ha ocurrido nada en estos 375 días digno de ser contado. Otros entenderán que cuando pasan demasiadas cosas es complejo ordenarlas, porque a veces el orden cronológico no es el más importante. No puedo resumir este año. Sería imposible. Ha sido lindo. Y agotador. He cerrado ciclos. He abierto puertas. Construido formas alternativas de relación. Creado espacios nuevos de vida. 

Agradezco a todos los colores que conforman esta paleta, su amplitud de miras y su capacidad de entender, a pesar de todo (y de todos), que la realidad en ocasiones puede ser diferente a lo que estamos acostumbrados, pero no por ello ha de ser peor.




Y en medio de todo ello... mi pescadito... que no ha dejado de crecer. Ya es todo un mozalbete de casi seis años. Tierno y dulce. Que me enamora todos y cada uno de los días. Tener la dicha de vivir a su lado es un regalo de los dioses.

Tengo tanto que contar...

 "Dame tu mano, vuela conmigo
Seremos soledades y cuentos compartidos"
Alejandro Filio, Cuentos compartidos 

domingo, 29 de junio de 2014

Recordar. Del latín re-cordis. Volver a pasar por el corazón.

Yo debía de tener unos quince años. Él era amigo de mi mejor amigo.
Escuchando música en una habitación con poca luz me cogió de la mano. Sonaba Earth, Wind and Fire. 
Creo que fue lo más cerca que estuvimos el uno del otro. Me devanaba los sesos pensando cómo podía decirle que me gustaba. Pero nunca saqué valor. Después me pareció que le gustaba una de mis amigas, quien por supuesto, no le hacía caso, o al menos, no el que se merecía.
Pasaron los años. En la universidad no frecuentábamos los mismos ambientes, a pesar de seguir teniendo algún amigo común. Besito por la calle. Alguna conversación a medias en un garito. Nomás.
Siempre me quedó la espinita de no haberle dicho que un batallón de mariposas revoloteaban en mi barriga cuando estaba cerca. Que había escuchado aquella canción hasta rayar la cinta. Que me gustaba su sonrisa y su timidez. Que inventaba teorías explicativas de por qué me había cogido de la mano aquella noche para después no volver a acercarse nunca más.
No volví a saber de él hasta hace un par de años. El Faisbuk, ese gran nexo de unión. Inicio de nuevos contactos. Ahora con otros ojos. Después de vivir mil vidas. 
Resultó que residía muy cerca de la casa de mi padre. Quedamos, pero no era el momento. Tampoco para mi. Tenían que confluir en fila india todos los astros del universo. Y no lo hicieron hasta hoy. 
Y nos vimos de nuevo. Y esta vez, con luz, nos cogimos de la mano para contarnos las batallas perdidas. Las guerras ganadas. Los sueños que se quedaron por el camino y los soles que lo iluminan. Y hablamos de Galeano. Del poder benefactor de los abrazos en los espíritus castigados. De la energía de la tierra. De las raíces. Hijos. Amores. Árboles. Educación. Muerte. Vida.
"Valiente" que le decía Ana a Oto. Así que hoy, con cuarenta y uno, tuve la sensata osadía de contarle lo que no me atreví cuando tenía dieciseis.  Y resultó que... hace veinticinco años yo también le gustaba. Pero no era el momento. Simplemente. Me gustó saber que las realidades tergiversadas por el paso de los años de las que hablaba Kundera, no habían sido tales. Ambos recordábamos lo mismo.
Alegría. Equilibrio. Siento que las piezas de mi puzzle poco a poco se van resituando. Van buscando huequecitos. Agradecimiento a la vida por haberlo puesto de nuevo en mi camino. Presiento que va a ser una grata compañía. Inteligencia, sensibilidad y simpatía son mezclas difíciles de encontrar.
Cualquiera sonsaca al destino para indagar que va a deparar. Tampoco quiero saberlo. Por lo pronto, planeamos para mi, un futuro cercano sin noches en vela. Con la seguridad que tiene el que siente que al final ha tomado el camino correcto.
Nos despedimos con mil abrazos. La mochila cargadita de sonrisas y buenos deseos. El firme propósito de vernos con más frecuencia. Palabra. Lo prometo.
Y en mi cabeza, ya con sienes plateadas, sonaba Gardel...


lunes, 12 de mayo de 2014

Disfraz

Nunca me ha importado demasiado la ropa. Hasta los veinte años (año arriba, año abajo), prácticamente todos mis vestidos me los hacía mi madre. Preciosos, por cierto. En esos días, cuando salía un sábado por la noche con el único NovioOficial que he tenido, incluso me ponía tacones y mis uñas iban pintadas con esmalte.
Pero después empecé en la universidad y según decía mi madre, me volví comunista. Los pocos tacones que calcé, se cambiaron por zapatos cómodos. Mis camisetas favoritas eran una que reivindicaba el 0'7 y otra sobre la insumisión. Supongo que empezaron a importarme más las ideas que el aspecto. Hasta el punto que aquel novio y yo, después de siete años, nos sentamos tranquilamente y decidimos dejarlo con la frase lapidaria de "nuestros caminos han cambiado de dirección, tú quieres ir a plantar florecitas al campo y yo quiero hacerme rico".
Supongo que realmente nunca he sido una hippy al uso. Pero durante muchos años lo normal ha sido verme casi a diario con camisetas pintadas con brujitas o duendes, pantalones vaqueros, calcetines de colores y siempresiempresiempre zapatos planos. La hippy light, me llamaba una compañera del trabajo; la bohemia, que decía otra.
El verano pasado algo cambió. Inexplicablemente. De repente un día me compré un vestido. Y otro, cuando fui a por unos zapatos cómodos, me vi comprando dos pares con tres centímetros de cuña. Hubo más vestidos en el verano. Pero es que además, otro día decidí que necesitaba ropa interior más linda, e incluso un día me vi preguntándole a una dependienta cómo se utilizaba un liguero de esos que se ponen en la cintura y me llevé uno rosa, otro gris, rojo, negro,... Y claro, tuve que comprar medias apropiadas porque en la vida me había puesto unas medias de medio muslo.
Recuerdo cuando en agosto, fui un día a desayunar con MiMasMejorAmigo, el que aguanta mis neuras mentales desde hace como ocho años, y casi ni me reconoce. Solo hacía tres meses que no nos veíamos...
Como todos los cambios que suceden despacito, uno no es consciente de verlos hasta mucho tiempo después. Así es como, hace poco, de repente me di cuenta de lo que había estado haciendo. Me había disfrazado de mujer. Así de simple y de retorcido al mismo tiempo. Creo que ha sido una forma inconsciente de que mi cerebro escuche a mi instinto. Ello vs. Súperyo. Si no me considero con el derecho de sentirme una mujer, tendré que creérmelo al ver mi imagen reflejada en el espejo. Camino inverso. Desde fuera hacia dentro.
En algún sitio me dijeron que era una forma de conectarme con mi diosa interior. De escucharme. No sé. Quizás sean los retazos de Venus o Afrodita que toda mujer lleva grabados en los genes. Pero más bien creo que ha sido un grito que cada vez era más fuerte y que me negaba a oir, de modo que ha acabado por salir de una forma impredecible.
Y una mañana, caminando hacia el trabajo, cuando aún había poco tráfico, entendí lo que decía Bebe. Porque los pasos suenan más fuertes y decididos cuando llevas tacones.

Bailarina
(aunque a veces sean prescindibles...)

viernes, 14 de marzo de 2014

Duelo, del latín "dolus", dolor.

Querida mami:
Hace ya dos años que me dejaste huérfana. Creo que nunca he sentido tanto dolor como aquel día. Era como si un centenar de cuchillos me desgarrara el alma. Cuando te fuiste estabámos juntas. Yo ya sabía lo que iba a pasar. Me lo habían explicado con claridad. Creía que lo tenía asumido y aceptado. El día antes te compré un precioso ramo de flores y te di las gracias por mi vida y por tu amor. El mismo ramo que después llevé hasta La Palma para poner sobre tu ataud.
Intenté que tuvieras el más tranquilo de los finales. Que hubiera paz. Y luz. No estar rodeada de desconocidos. Con los niños cerca.
Me dijeron que eso también me ayudaría a mi. Que mi proceso de duelo sería más fácil, porque había hecho todo lo posible para que tuvieras una muerte digna. Porque no se nos quedó nada por decir. Pero en algún sitio, en algún momento, no sé bien dónde... me engañaron.
Todos esos meses de peleas con médicos, de días y días de hospital, de salas de quimioterapia, de aprender a poner bolsas en el estoma para después tener que enseñar a las enfermeras de los centros de salud a cómo hacerlo para no hacer más daño a la piel, de decidir y pinchar dosis de Primperam, de Morfina, de hacer de médico, enfermera, psicóloga, hija, madre de un bebé y mujer trabajadora, todo en uno, de decididir que hacer cada día, cada minuto. De decidirlo todo. De decidirlo sola.
Y después de la soledad acompañada, la soledad plena. Solo salvada porque un pescadito tiraba de mi caña continuamente. Mi psicóloga dice que yo era la candidata perfecta para estar hipermedicada en una cama. No tanto por el dolor generado por tu pérdida sino por haberlo sufrido en soledad. El doliente necesita un apoyo para seguir adelante. Un hombro en el que llorar. Una mano que te agarre fuerte. Y yo no lo tuve.
Aún así fui pasando por todas y cada una de las etapas del duelo. Viviéndolas y superándolas una a una. Entendiendo mi dolor e intentando canalizarlo. Dos años de citas con la misma psicóloga que te asistió a ti. Que te conoció, te escuchó y te acompañó, desde la unidad de cuidados paliativos. Yo, que siempre había pensado que nunca podría ir a terapia porque conocía demasiado bien a donde me llevaban los caminos, me vi solo apoyada por ella. Con ella podía expresar mi rabia, mi ira, mi sentimiento de culpa, mi pena. Desde su punto de vista, mi proceso de duelo ha tenido una duración normal y un recorrido DeManual. Para los demás, al mes de haberte ido ya debía haberlo superado, lo contrario era regodearme en el dolor y creer ser más buena por ello, o incluso pensar que así te rendía un homenaje. Opiniones. Son libres. Pero nadie fue a buscar la suya o a indagar un poco para ver de que modo podrían ayudarme.
Negación. Ira. Negociación. Depresión. Aceptación.
Es cierto, negué la realidad. Durante más de un año ni siquiera pude quitar tu cepillo de dientes de mi baño y tus zapatillas siguen por aquí. De acuerdo, me enfadé con el mundo. Me sentía tremendamente culpable porque a pesar de hablar contigo a diario, no me detuve a escucharte antes. También intenté negociar con un ente superior y cuando me di cuenta de que la realidad es una... empecé a caer. Sí, hubo tristeza y soledad. Pero en algún momento y casi de forma imperceptible, remonté. Surgió la aceptación. Se impuso la vida. La esperanza. Las ganas de renacer. De convertirme en algo nuevo y mejor. Transformación. Entender que los que seguimos aquí lo hacemos por algo. Para quemar la vida con ganas. Con ilusión de despertar por las mañanas. Y me di cuenta que en mi vida, además de faltarme tú, me faltaban otras muchas cosas. Todas ellas necesarias. Necesarias, al menos, para mi.
Creo que este duelo ha sido realmente por dos pérdidas. La constatación de tu ausencia y de mi soledad.
Estos dos años han sido demasiado duros y no quiero volver de nuevo hacia atrás. Aunque duela, al final hay que aceptar que tanto las personas como las relaciones mueren, no porque queramos que ocurra, sino porque pasa sin más. Para que puedan nacer gentes y mundos nuevos. Es así.


"Por respirar, por confiar serena y volver a creer.
Por confiar, por respirar serena y saber esperar.
Renacerás. Será un regalo de tu propia fe.
Tu propia cuna a la que has de mecer, cantando en la alborada.
Renacerás. Si no te empeñas en querer sufrir.
Precioso tiempo tu vida ha de ser, preciosa perla rara.
Por respirar, por confiar de nuevo y volver a creer.
Por confiar, por respirar serena y saber esperar"
Manolo García, "Por respirar"