lunes, 3 de abril de 2017

Jorge aprende a nadar.

Vivimos en una isla. Eso a nadie se le escapa. Jorge desde pequeñito se acostumbró a estar en la playa. Y como a todos los bebés le encantaba la hora del baño. Eso sí... que no le mojaran la cara... Como eso pasara, entraba en modo pánico. 

Si estábamos en la playa y se le mojaba la cara tenía que salir del agua a secarse los ojos. De forma que disfrutaba mucho de la playa, pero sobre todo en la orilla; aunque estuviera conmigo era incapaz de relajarse y pasarlo bien dentro del agua. Cuando tu casa está a cinco minutos caminando de la playa... esto, es una verdadera faena...

Visto lo visto y sabiendo que si él tiene miedo a mi se me acumulan trocitos de ese miedo y no soy capaz de transmitirle completa y absoluta seguridad (por mucho que me empeñe), el año pasado le sugerí que fuera a un cursillo de natación de un mes, dos veces por semana. Aceptó la idea con ilusión. compramos todo el equipo: bañador, gafas, gorro, zapatillas de goma y albornoz. Llegó el día X con expectación. Y, al terminar la clase, me dijo que no quería volver. Cogió un catarro tremendo y se escaqueó de la segunda clase. Opuso resistencia activa a la tercera, y me dijo que todo era culpa de las gafas, porque se le colaba el agua. Le compré unas súper gafas que hacían un vacío perfecto. Fue a la tercera clase. Al acabar, entre llantos e hipos me dijo que por favor no lo obligara a volver, que le daba mucho miedo. El monitor me dijo que no me preocupara, que eso con un par de clases más se le pasaría, que cometería un error si lo quitaba. 

No volvimos. Evidentemente. No era su momento.


En una estantería de nuestra librería habitual me encontré este cuento. "Ana aprende a nadar". Lo leímos juntitos en el sofá de casa; me decía que eso era lo que le pasaba a él, que tenía mucho miedo cuando le decían que se pusiera de espaldas, porque no confiaba en el monitor. Se sintió muy identificado con la niña protagonista, y decía todo el tiempo, "mira mami, como me pasa a mi!" . Miedos identificados y verbalizados. El cuento le encantó. Pero no conseguí nada más. 


  
Durante el verano seguimos yendo a la playa. De las clases de natación sacó en claro que con el churro que utilizan en las piscinas se movía muy bien a caballito y se hizo un experto en su uso. No más.

A mediados de marzo me llamaron de la piscina del pueblo. No me lo esperaba porque nos dieron turno para... dos años después de haberlo pedido!! Le dije al chico que tenía que preguntarle primero a mi hijo, ya que la respuesta podía ser un rotundo no. Para mi sorpresa... me dijo que no estaba seguro, pero que lo intentaría. Llegó ilusionado. Durante la clase lo vi reír varias veces. Cuando lo recogí me dijo que le había gustado. Pero un rato después de salir, ya le entraron las dudas. Que tenía miedo, que se le mojó la cara, que si le decían que se tirara no iba a poder.... Por la noche lo hablamos, me transmitió sus miedos acurrucadito entre mis brazos y le dije que si no quería volver no lo haríamos, pero que ese día se lo había pasado bien y que era muy valiente por haberlo intentado.

Quiso volver. Y le gustó mucho. Y el tercer día le gustó más aún. Ha ido a seis clases y ya dice lleno de orgullo que sabe nadar, se tira desde la orilla de la piscina y... mete la cabeza bajo el agua!!!
Es maravilloso verlo disfrutar, pero sobre todo me llena de tranquilidad el haber tenido la paciencia de saber esperar el momento adecuado.

La moraleja del cuento, es que a todos los niños no les llega el momento de aprender a nadar al mismo tiempo. Seguro que si se le hubiera obligado en el verano pasado habría aprendido, pero... con qué coste? merecen la pena las lágrimas?? Muchas veces solo hace falta escuchar sus necesidades y no solo las nuestras....

2 comentarios:

Chitin dijo...

¡Qué bien!!! está claro q cada niño tiene su momento para cada cosa, lo mismo me da quitar el pañal, dormir solo, nadar...

Aunque en mi opinión el monitor en este caso también es un elemento muy importante para dar seguridad al peque.

Un abrazo.

Glora dijo...

Bravo!!!! Bravo, por Jorge y por ti!!!
Un abrazo.