lunes, 12 de noviembre de 2007

Santander: 7 a.m. / 10º C

Ha sido una semana larga y agotadora, porque como niña buena y responsable que soy, el jueves a las 8:00 estaba como una campeona en el trabajo, a pesar de haber llegado a casita pasada la medianoche y con un jet-lag de narices. La verdad es que del tiempo no me puedo quejar, pero el hecho de que no diluviara, como es menester por ese norte peninsular, no quita para que no me pseudo-congelara de frío al ver los 10º del termómetro por las mañanas. Que una no está acostumbrada, oiga...

Me alojé en el Hotel Central, ampliamente recomendable si lo que uno busca es estar en el casco antiguo de Santander y tenerlo todo a mano. Es acogedor, pequeño, sin grandes estridencias y de un bonito color azul. Me encantaron sus balcones y ahora entiendo porqué los cierran con cristales y además les ponen contrapuertas... el frío que entraría durante la noche por esas solitarias puertas de cristal sería enorme.

La formación muy interesante, pero los asistentes mucho más. La verdad es que no tengo queja del trato recibido, muy al contrario, ha cambiado la opinión que tenía, en general, sobre el pueblo cántabro. Hacer amigos y poder intercambiar experiencias laborales es lo mejor que tienen estas cosas, la verdad.

Disfruté del botillo y las castañas en almíbar de Prada a tope, los pinchos y tapas en La Despensa, solomillo al queso con frutos secos en De bellota,... y cantidades ingentes de sobaos. Aunque a ésto me gustaría añadir que me sorprendió mucho el hecho de que a las siete de la mañana los establecimientos que hay abiertos no suelen disponer del típico desayuno cántabro, ésto es, sobaos pasiegos con chocolate. La combinación es perfecta, sin embargo, en los pocos sitios dónde hay sobaos, no tienen chocolate y donde encuentras chocolate... solo tienen magdalenas. Mal, muy mal, porque entonces la opción que le queda al turista accidental es o tomar el desayuno del hotel, sin el consabido manjar, o esperar a que abra alguna pastelería como Vega o Lugano, aunque he llegado al convencimiento, después de hacer varias "catas de sobaos" (pensé que iban a detenerme en el aeropuerto por contrabando de dulces) que los mejores son los de Gómez, (por encima incluso de La Zapita, hechos en la Vega de Pas) y en segundo lugar quedan situados los de Vega, con un saborcillo a limón que le da un toque de distinción.

Como se puede observar, sobre todo hice turismo gastronómico. La verdad es que no me dio tiempo de mucho más. Intenté recorrerme las calles, aunque fuera de noche, y así localicé un par de mercerías, pero su contenido la verdad es que me defraudó. Sólo encontré una tiendita de patch, con muy poca variedad y un par de ellas de lanas (ni punto de compración con nuestro maravilloso "Palacio de las lanas"), pero donde no tenían lo que buscaba. Lo cierto es que esperaba encontrarme poco menos que la Jauja de las labores, pero parece que el frío no motiva a la gente para coger la aguja.

Lo que sí encontré fue la tienda de Pepita Pulgarcita, con un amplio elenco de todas esas cositas que hay en los blogs de las creativas en red. La tienda es chiquita pero muy mona y bien situada. Me llevé un bolso con una muñeca que está muy simpático ("mimosa hand-made" pone la etiqueta; por cierto, si alguien lo ha visto en algún blog, le agradecería me lo comentara, porque no consigo averiguar de dónde viene)

Al wisp... le metí mano... pero sólo un poquito, ésto es, las horas de espera en Barajas hacia Santander, porque a la vuelta estaba demasiado cansada.

De Santander me quedo con La Plaza Porticada, El Paseo de Pereda, los balcones y la gente. Aunque me sigue pareciendo que el interior de Cantabria es mucho más interesante. Por cierto, me sorprendió no encontrar tiendas de artesanía y no hablo simplemente de las típicas tiendas para comprarle un recuerdito a los papás (que tampoco), sino, en general, de tiendas de artesanos, de gente creativa, de cosas diferentes,... Una pena que no se les valore.

Sobre los trayectos de avión... qué decir? tensos. A la vuelta pillamos una nube de polvo que nos dio un buen meneito, pero no me dieron sudores fríos. Creo que, aunque parezca una tontería, después de este viaje me siento un poco más mayor. Es como si hubiera crecido. Y sé que puedo. Sola también puedo.

10 comentarios:

violetazul dijo...

Un reporter perfecto del viaje.. muchas gracias..
A estas horas, leyendo sobre chocolate y pasiegos.. mmm... se me está cayendo la baba.
Bienvenida a casa ;-))
Besos

Luisilla dijo...

Bienvenida... La Despensa, Dios, cómo pude olvidarme de ese nombre... exquisiteces y buen vino. Un besazo, wapa.

GLyCo dijo...

welcome to the real world.besos

Lolita Blahnik dijo...

Asi que pasandolo bien eh? que rico un viajito al norte, y mas cuando los sobaos y otras delicias no faltan.
besitos.

Séverine dijo...

Je suis flattée de voir que tu m'as mis dans tes liens.
Sorry, Aprendéis espanol a la escuela pero I forget !!!

AnyGlo dijo...

Pues claro que también se puede viajar sola!!!! Aunque yo prefiera hacerlo acompañada!!! Un paseo bastante entretenido por el norte. Disfruta de los sobaos y el chocolate!!!!!! Un beso

Luisilla dijo...

Que bien que volviste... pues si, parece que estoy mejor (de momento) y espero que esa ventana se abra definitivamente: me ahogo en la oficina y necesito un cambio de escenario YA!!! Un besazo wapa.

Pilar dijo...

Hmmm, que relato tan bien hilvanado, me está entrando un hambre de pensar en las castañas en almibar.....ainsss

Alejandra dijo...

Me encanta Santander y sus postres; el interior es muy chulo. Parece que te lo has pasado muy bien allí. La proxima vez prueba con una casa rural.
Un beso.
Alejandra

Luisilla dijo...

el 28 de noviembre es mi cumple y el de Helena... y los tuyos? un abrazo.