Lo prometo. Yo prometo que lo llevo en el equipaje de mano. Y que lo traslado convenientemente de una ciudad a otra. Pero es que estoy tan cansada que ni me apetece molestar al señor que se siente al lado en el avión con el borde de la aguja. En esta ocasión, fue diligentemente sustituido por la
Marie Claire navideña que trae unas cosas de lo más chulas (información para
Satautey: la compré en el aeropuerto).
Este viaje fue de "placer". Sobre todo para mi mamá, ya que era su cumple y le di una sorpresa sorpresiva al plantarme en casita el jueves por la noche. Mis cómplices eran mi hermana y su marido. A mamá casi le da un patatús y a papá se le salieron unos lagrimones gordos como garbanzos que intentó disimular lo mejor que pudo. Pobrecitos... tendré que tener cuidado en el futuro con este tipo de sorpresas, no sea que el susto me lo vayan a dar a mi. La verdad es que los adoro a los dos y tengo mucha suerte de tenerlos conmigo, aunque sea con un charquito de agua por medio. El viernes le preparé una tarta de queso (shhh! no se lo digáis a nadie, pero... cuando la terminé me di cuenta de que me había olvidado del ingrediente fundamental o al menos eso creía yo, porque nadie se dió por enterado...) y le hicimos una fiestita familiar en la casa de mi hermana.
En septiembre, antes de volver de mis vacas, convencí a mi madre para que asistiera a un curso de patchwork a mano que imparten desde el ayuntamiento. Al principio se resistió un poco, pero ya le ha entrado el gusanillo y está encantada. Está haciendo un quilt de lo más bonito en tonos de rosa y beige (cachis! no le hice ninguna foto!!), así que para aprovechar que está ilusionada, le regalé un libro de nociones básicas de patch y un enhebrador automático para que no se dejara los ojos en el ojo de la aguja.
Mi padre me ha sorprendido con
mi primera cosecha: dos sacos de almendras de los almendros de mi finca. Como él está algo mayorcito para hacer ese trabajo sólo, se llevó a un señor para que lo ayudara, con lo cual, no quiero ni sacar la cuenta de cuánto ha costado cada kilo de almendras. Pero bueno, al menos tengo la confianza de que no están tratadas con herbicidas ni cosas raras de esas que seguro que tienen las perfectas almendras que vienen directas de los USA (esto es para autoconvencerme, no os habíais dado cuenta, verdad?)Por cierto, se admiten recetas con almendras para rechupetearse los dedos.
Mis equipajes últimamente son un poema. En esta ocasión me he traído cantidades ingentes de galletas artesanas, un bizcocho de maíz, una caja repleta de almendras (con cáscara, por supuesto) y una botella de leche de las vaquitas del lugar (para l@s curios@s: la leche es para hacer natillas y sí, es una leche diferente, con toda su nata y con la que quedan unas natillas riquísimas)
Y el domingo de vuelta. Aunque estoy agotada, la verdad es que ha merecido la pena. Además, el sábado hizo un día precioso.

Bruma rastrera (es decir, mucha niebla), lluvia y un fresquito delicioso. Parece que el otoño, al menos allí, se ha dignado a aparecer. Aunque realmente en la casa de mis padres cuelga honrosamente de una pared del comedor todo el año, desde que se lo regalé a mi madre las Navidades pasadas...