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miércoles, 27 de febrero de 2019

Clases de natación.



Los martes y los jueves vamos a clases de natación. A Jorge le gusta mucho. Aquella época de miedo al agua, ya pasó. La piscina está cubierta y climatizada. Pero es invierno. Invierno canario, pero invierno al fin y al cabo. Jorge tiene 9 años y medio y pesa 23 kilos. Ni un milímetro de capa de grasa. Cuando sale del agua está azul y tirita. Tiene un albornoz, pero ni con esas. Al salir de la piscina ni se ducha en los vestuarios. A toda velocidad le pongo la ropa en un intento de que vuelva a coger su colorcillo natural y ya tiene puesto un anorak cuando aún lleva el bañador. 
Este último mes ha estado malito y claro, con tos de camionero fumador no lo voy a llevar al polo norte. Así que hemos ido dejando correr los días. La semana pasada cuando se reincorporó, además de recordar el tema del frío se dio cuenta de que el hecho de estar tanto tiempo fuera le hacía estar más cansado de lo habitual. 
Negociando conseguí un compromiso de continuidad al menos una vez a la semana hasta la primavera.
"Tú no lo entiendes, mami, pero es que tengo MUCHO frío!"
Empatía. Me pongo en su lugar. Es verdad que hace frío. Lo veo salir azul pitufo. Pero si no va, cada vez le costará más. Además, a él le gusta. Pero claro, si le gusta... por qué tanta reticencia?
Le sugiero comprar un chaque de natación de esos ajustatitos para que note menos el frío.  Buscamos alternativas. Se ofusca. Comienza a decir que no sabe si ir o no. Que le cuesta mucho tomar decisiones. Que siempre le pasa. Que no sabe que camino tomar. 

Mmmmm... me he perdido... pero el problema no era el frío??

Tras la indecisión vienen los lagrimones. Y tras los lagrimones un comentario así como de soslayo sobre que por las tardes casi no estamos en casa juntos y cuando llegamos no nos da tiempo de jugar...

Espera... espera... pero si estamos toda la tarde juntos!!! Aunque... es cierto que cuando vamos a la piscina la tarde se complica y no nos da tiempo de nada... 

Cuál es la prioridad? Hacer deporte? Estar juntos? Difícil. Porque es importante que los niños hagan algún deporte, pero mi prioridad ante todo, siempre ha sido estar la máxima cantidad de tiempo posible con él. Jugar antes que limpiar el polvo de los muebles. 

Alternativas:
- Enfadarme porque estoy perdiendo dinero.
- Intentar transmitirle que ha adquirido un compromiso y que debe cumplirlo (lo cual es importante) y que si esto no ocurre será suspendido de la actividad.
- Ejecutar el ordeno y mando (que se me da muy mal)
- Aplicar las teorías de Rosa Jové, esto es, empatizar (poniendo palabras a su sentimiento), decirle como me sentiría yo y dar alternativas. 

Es realmente nocivo que si no le apetece deje de ir un día a una actividad que me consta que le gusta?  Tiene más peso mi necesidad de justificar que hace deporte que su necesidad de no querer hacerlo en un momento determinado?? Puede ser que ello sea la chispa que origine una negativa total y rotunda o quizás puede ser que simplemente hoy necesitara más atención que otros días. Más besos y más apoyo. Porque no todos los días son iguales. Quizás hoy se puso más nervioso de lo habitual con su examen de mates. Quizás el hecho de sacar "solo un 9" en el examen de lengua le hizo pensar que era un fracaso de nota. Quizás en el cole le dijeron algo que no le gustó. No lo sé. Hay cosas que no se pueden expresar pero que salen en forma de lagrimones en el momento más insospechado. Personalmente creo que deberíamos educar más ese sexto sentido y no quedarnos solo con la superficie. Con la negativa, con el enfado. La gran mayoría de las ocasiones los niños tienen buenas razones para hacer lo que hacen. El objetivo no es tomarnos el pelo, simplemente no saben llevar a las palabras  lo que sienten en la barriga. 

Leímos un cuento, jugamos y vimos una peli abrazaditos. Una lectura rápida podría ser que es un manipulador nato y que consiguió su objetivo. Prefiero pensar que enseñar a escuchar y a ponerse en lugar del otro es algo que se aprende con el ejemplo.  

viernes, 1 de febrero de 2019

Montar en globo.



En la lista de cosas que hay que hacer antes de morir (la de siempre, la que escuchábamos cuando éramos pequeños), esa suele ser de las más complicadas. 

Plantar un árbol. Hecho
Escribir un libro. Hecho.
Tener un hijo. Hecho.
Montar en globo. (...) Montar en globo?? 

En nuestro caso, la infraestructura que hay que montar es tal, que para empezar hay que salir fuera de la isla, y no por el simple hecho de vivir rodeados de mar, sino porque al elevarse el globo, son las corrientes de aire las que lo llevan, de modo que sabes de dónde sales pero nunca, con exactitud a donde vas a llegar; así que los vientos alisios en esas circunstancias, poco ayudan. 

Se me ocurrió como regalo de cumpleaños para el Sr. Duende. Y, lo cierto, es que di en el clavo. Es impresionante sentir como se eleva el globo e ir viendo los coches y las casas cada vez más pequeños, con el aire en la cara, pero también al calor de los chorros de aire caliente que son los que hacen que el globo suba. No hay miedo, bueno... un poquito cuando despega y te sientes pájaro sin serlo y tu cerebro dice que algo debes estar haciendo mal, porque tú no tienes alas. Va despacio. Da tiempo de acomodarte a la nueva situación, disfrutar y hacer miles de fotos. 

Señalar que el globo es ENORME, la cesta en la que íbamos era para doce personas y según nos comentaron, los hay mucho más grandes.

Elegí Glovento Sur, en Granada, por recomendación de una amiga. Su dueño es de Gran Canaria. Un isleño enamorado del mundo de los globos, que luchó por hacer posible este sueño de locos.

Hay distintos paseos que puedes elegir, entre ellos uno sobre Granada y La Alhambra, que tiene que ser espectacular, pero también es el que necesita de más condiciones metereológicas particulares y nosotros solo íbamos a pasar un fin de semana, así que no quise arriesgarme. El paseo que elegimos fue sobre la zona de Guadix y merece la pena al cien por cien. Si tienes la oportunidad... no lo dudes... Para nosotros ha sido una experiencia para poner con letras doradas en el diario de nuestra vida.


















Montar en globo: hecho.

Así que a partir de ahora... tendré que generar una nueva lista de imprescindibles... Se admiten sugerencias... ;)


jueves, 31 de mayo de 2018

Buscando las estaciones (II parte)

El Sr. Duende y yo tenemos un proyecto. Conocer las capitales europeas (si no todas, al menos las más importantes) Así, tirando por lo bajo, y siendo extremadamente optimistas, preferiblemente que no fuera en un período superior a cinco años. Si son seis tampoco pasa nada... (no vamos a pedir explicaciones al jardinero, que es probable no responda...) En mi caso, hasta hace dos años, no conocía ninguna. Salvo Madrid, claro, capital del reino. Tampoco lo necesitaba. Ahora he descubierto el vicio de callejear por una ciudad desconocida cámara al cuello. Me gusta. Evidentemente, Airbnb y la reducción del precio de los billetes de avión, ayudan mucho. 

Así que con el devenir de las estaciones, vamos sumando países y ciudades.
2016. Lisboa y Budapest.
2017. Suiza, Dinamarca y Países Bajos.
2018. Berlín, Estocolmo y...

El otoño pasado fui a Amsterdam con Jorge. Desde hace tiempo que teníamos en mente visitar Efteling. Un parque de atracciones de cuentos de hadas que está al sur del país. Maravilloso. Altamente recomendable. Se merece muchos post. Cada uno de mis viajes se los merecen. Pero... la vida no me alcanza y tengo otras prioridades. Necesito tiempo para jugar... porque el tiempo de infancia ya empezó la cuenta atrás... y ese... ESE si que no vuelve...









En pleno invierno, Berlín. Principios de enero. Días cortos y fríos. Ciudad gris. No encontré su alma en las calles. Sin duda, tenemos que volver en primavera o verano, porque creo que la ciudad me guarda rincones que no supe apreciar.






Y en primavera, Estocolmo. Insultantemente hermosa. Cerezos en flor. Verde y color por donde quiera que uno mirara. Puestas de sol impresionantes. Un tiempo fantástico para ser el mes de mayo. Nos enamoró de principio a fin. Sin duda, la primavera es la mejor época para viajar a los Países Escandinavos. 


lunes, 5 de marzo de 2018

El chivato.

Jorge es hijo de padres viejos. No me refiero a que no estemos llenos de tatuajes (que también). Lo percibo en los detalles. Entre ellos, uno que destaca entre otros es el respeto hacia la figura del adulto. Para él, el adulto es casi un Dios. Ello tiene su lado bueno y otro que no lo es tanto, pero ha sido criado en un ambiente en que hay que respetar a las personas mayores, de forma que nunca ha tenido ningún problema en el cole con los profes. Es un guía y él no utiliza su sentido crítico (que lo tiene) para cuestionarse su proceder. Por supuesto, entiende que es lo adecuado, que al cole se va a disfrutar y a aprender.
Un día lo recogí con una carilla diferente y después de indagar un poco, me dijo que le había pasado algo en el cole con unos compañeros. La cuestión es que el profe dijo que dejaran unos ejercicios para el día siguiente y dos de sus compañeros se pusieron a hacerlos, con lo que él se lo dijo a su profesor, en medio de un halo de sorpresa, un algo así como "cómo es posible que estén haciendo esto si el profe ha dicho que no?", con lo que el profe se molestó mucho y les hizo quedarse un rato más en la clase una vez que comenzó el tiempo de recreo.
En el recreo, Jorge se acercó a ellos para jugar y uno de estos compañeros le dijo al otro, "no hables con él, que es un chivato", Jorge se puso muy triste, comenzó a llorar, otra niña avisó al profe y les echaron un segundo rapapolvo. Jorge cuando me lo contaba me decía "mami, yo no soy un chivato, solo le dije al profe que estaban haciendo algo que él había dicho que no hicieran!!! Eso está mal??" y después me suelta "por cierto, qué significa chivato?"
Así que me tocó explicarle que a veces uno tiene que mirar solo para sus propios intereses, sin fijarse demasiado en lo que hacen los demás, siempre y cuando no sean cosas muy importantes o que impliquen a otro niño. Que no está mal decirle al profe las cosas que pasan, pero que cada uno tiene que responsabilizarse de lo que hace bien o mal. Que ante una situación similar quizás podría ser más efectivo hablar primero con los niños implicados y después decírselo al profe.
Esto es, decir de un modo políticamente correcto, "cariño, tú ves que siempre te hemos dicho que hay que ayudar a los demás, buscar al adulto para que te preste su ayuda, ver al profe como alguien que está de tu parte y en quien hay que confiar, aprender a compartir, ser honesto, bueno, educado,... pues bien, en esta sociedad en la que vivimos si eres todo eso, te conviertes en un chivato, así que es mejor que mires para tu propio ombligo y te centres en tus intereses si quieres salir ileso de esta etapa de primaria (y de la secundaria, mejor no hablar)"
Me da muchísima rabia, porque es altamente contradictorio que criemos niños que aprendan a mirar para sí mismos y esperemos que en un futuro desarrollen una sociedad que busque el bienestar general. Pero por otro lado está la supervivencia... sobre todo cuando te toca ser el diferente... Qué ha de primar? 



lunes, 24 de julio de 2017

Diez.

Estoy de cumpleaños.

Diez años. DIEZ .

Cuando descubrí el mundo de los blogs me quedé maravillada. Contactar con gente que tenía mis mismos gustos, leer sus opiniones y vivencias, aprender (yo creía que sabía tejer... error!!). Con las de cerquita empecé a quedar para tejer, haciendo las reuniones frikis de tejedoras (o de tejedoras frikis, no sé). Violetaazul. Pilar. Lolita Blahnik. Siona. Toñi. Satautey. Lamone. Rita. Carmen. Abuela Pilar. Anita. Con la mayoría sigo teniendo contacto y con algunas he llegado a tener maravillosas amistades que siguen perdurando a través de tiempo y distancia. 

Tranquilidad. Vida simple. Un embarazo. Un aborto. Un cambio de perspectiva. Un embarazo. Un bebé. Vida plena. Un fallecimiento. Una caída en picado. Un renacimiento. Una separación. Equilibrio. Una unión. Cuatro viajes. Una muerte. Vida. Felicidad. Ese es mi resumen de estos diez años.

Este blog me ha servido tanto para estructurar mis pensamientos al verlos por escrito, como desahogo y para dejar constancia de mi opinión sobre determinados temas. Un cuaderno de bitácora que si alguien lo lee de principio a fin, probablemente se hará una idea más o menos clara de cómo soy. Ahora bien, no de quién soy. No tengo ningún interés en que quién me lee sepa que me llamo de este u otro modo, el sitio en el cual trabajo o el lugar exacto donde vivo. Dicen los que saben, que eso debe de tener un lugar señalado en mi blog. Nunca ha estado. Aquí sigo. Personalmente creo que esos matices carecen de interés. Es cierto que mi ego crece un poquito cuando con una entrada en particular tengo 200 visitas, pero en la siguiente quizás siga con el tema de la anterior, de la que pasaba todo el mundo. Con esto quiero decir que no escribo o publico fotos para que la gente valore más mi blog o a mi misma, lo hago porque me gusta. No gano nada con ello y las ocasiones en las que me han propuesto que haga publicidad de uno u otro producto las he rechazado. No lo critico como trabajo o forma de vida, me parece perfectamente lícito pero ese no es mi fin, al menos, no lo ha sido hasta ahora (cualquiera sabe qué pasará mañana)

No soy constante. Me gustaría poder afirmar que a partir de hoy voy a publicar un post cada semana, pero por mucho que lo intento hay semanas que no saco el tiempo necesario para escribir o editar fotos. Porque esto no deja de ser secundario y quiero dedicar el tiempo a lo que realmente me importa, esto es, mis chicos. Mi chico grande. Mi chico pequeño. Cada uno a su manera absorben cada segundo que tengo libre, así que cuando por fin consigo sentarme ante el ordenador, hay días que incluso me quedo dormida.

Eso sin contar con que por las circunstancias de la vida, he estado años enteros sin publicar, pero sorprendentemente, algunas de vosotras seguíais ahí. Esperando de forma paciente, que llegaran tiempos mejores.

Tengo un FB que alimento lo justito, con familiares y amigos, pero la mayoría de mis amigos feisbukeros desconocen la existencia de este blog, al igual que la mayoría de los lectores de este blog no están unidos a mi FB. Al Pinterest sí que no he podido resistirme. La cuenta de Flickr la inicié con mucho interés, pero cuando cambiaron los formatos dejó de parecerme tan atractivo. Hasta ahora me he resistido a IG, porque... si me cuesta la supervivencia de un blog... cómo voy a poder dar continuidad a otra vía?? Aunque... sé que en este tema... acabaré cediendo ante la presión... ;)

En los últimos tiempos se me ha pasado por la cabeza reformular la idea conceptual de mi blog. Cambiarle el formato, modernizarlo. Ponerle ventanas emergentes y opciones de vista rápida/reducida y esas cosas que recomiendan a los blogueros. Me daba la sensación de que se estaba quedando obsoleto y carente de interés. Después de pensarlo mucho he llegado a la conclusión de que no. Quien vuelve por segunda vez no lo hace para echar un vistazo rápido e irse. Más bien, sabe que con la excusa de una foto voy a escribir mi punto de vista sobre algo o a contar una anécdota que me ha pasado. Voy a hablar sobre la historia de la labor que he tejido y hasta el olor de la lana con la que está hecho. Hay gente así. Doy fe de ello.       

Con la perspectiva que me dan estos diez años, puedo decir que mi blog no está obsoleto, es... vintage y probablemente, queridas y queridos lectores, si estáis ahí es porque vosotros, a vuestra manera, también lo sois. Porque no os conformáis con lo que hace todo el mundo y os gusta la idea de emplear un mes en hacer unos calcetines que podríais comprar en un chino por un euro. O en hacer una mermelada. O amasar un pan. Porque cada una de esas cosas lleva un trocito de nosotros. Igual que este blog lleva un poco de Violetaazul, Pilar, Lolita Blahnik, Siona, Toñi, Satautey, Lamone, Glora, Albis,  Glaramknits, Alicia, Miso, Sandra, Luisilla, MJ, Alex, Mrs. Knook, Tartaruga, la Gran Penélope, Laurita, Olivia, Chitin, Rocío, Eva, Maie, Conchi, Bailadora, Inma, Mamá Carmen, Zime, Esther, Isa, Marona, Mob, Rita, Vane, Ajo, Bee,... Y tantas que me dejo seguro por el camino.




Brindo por todas vosotras, lectoras de mi blog (sin duda, más mujeres que hombres). Por vuestra creatividad. Por las cosas hechas con paciencia, con las manos y el corazón. Por la vuelta a una vida más simple y consciente, con menos prisas, disfrutando de las cosas chiquitas. Por la música y el baile de a dos. Por la comida que preparamos para aquellos a los que queremos. Por el chocolate caliente y el té compartido. Por los que vienen. Por los que se van. Por la vida. Por la felicidad. Por poder disfrutar otros diez años de vuestra compañía.

A todas. Gracias. Mil.

lunes, 19 de junio de 2017

Kelenföld.

A Budapest nos fuimos en otoño. Disfrutamos de la caída de las hojas. De las gamas de ocres de los parques. Del frío incipiente de octubre.


Kelenföld lo descubrí en pinterest. Lo imaginaba diferente. Un sitio donde escuchar el sonido del viento entre las ramas y el trinar de los pájaros. Un remanso de paz. Con un castillo en el cauce de un río, en el que se dejaba reflejar. Perfecto para ser fotografiado en otoño. 

Obligué al Sr. Duende a buscar la forma, en nuestra apretada agenda, de llegar hasta allí. Fuimos en tranvía. Me encontré un parque puesto casi de casualidad cerca de una iglesia, y entre ambos una calle bastante transitada. Coches por dos de los cuatro laterales del parque. De entrada me sentí "timada", con pequeñas dosis de enfado y frustración. Mientras iba dando vueltas alrededor del pequeño lago buscando el mejor encuadre, me dio por pensar que esta situación, no dejaba de ser parte de la magia de la fotografía: conseguir ver el mejor lado de algo que a priori parece que carece de interés...

Para quitarse uno "la magua", nada mejor que aprovechar la ocasión a hacer un par de fotos al Sr Duende (cuyos perfiles son todos buenos) con algo más tangible e igual de mágico, como es una prenda de lana.  

Patrón: Cornflower Cowl de Karen Scott (más en ravelry)


lunes, 12 de junio de 2017

Silencio: se juega.

Día de lluvia. Niños que no pueden salir al recreo. Profe que decide reunir a los peques de infantil y primer nivel de primaria y ponerles una peli.

La profe pone Spiderman. Niño que la mira y le dice "Seño, yo no puedo ver esa peli, mi mamá no me deja ver ese tipo de películas. Son muy violentas y tampoco deberían verla los pequeños" Profe que mira al niño con cara de "mande?" y le responde... "pues... si no quieres ver la peli... ponte a pintar..."

Jorge nunca ha visto una peli "de tiros". Es un lenguaje tan lejano para él, que por no conocerlo se ha inventado las palabras. Así, por ejemplo, en algún momento cuando jugando me ha hecho la forma con las manos de una pistola, me ha dicho "mami, te voy a pistolar". Yo soy de las que nunca le compró una pistola, lo más parecido que tuvo fue una pequeñita de agua que le dieron en la piñata de un cumpleaños. Él tampoco ha tenido interés por jugar a indios y vaqueros o a policías y ladrones. Lo más malo que puede encontrar en su imaginario son las brujas de los cuentos. 

No creo que los niños deban ver imágenes violentas, porque la violencia genera violencia. Tanto su padre como yo nos cuidamos mucho de controlar lo que ve en televisión, y no existe ansia por su parte por ver las cosas que no se le permiten, simplemente porque no generan interés en él. No hay "control parental" en los televisores a los que tiene acceso (en casa de su abuela, de su abuelo,..) existe autorregulación. Cuando por azar pasa por un canal que están poniendo unos dibujos que no solemos ver, es que ni se para, tiene interiorizado que no merecen la pena; si está en una casa que no es de su familia, informa que a él no le dejan ver eso y si no lo cambian, se pone a jugar a otra cosa. Los canales que no son infantiles, ni los mira. Hay que decir que, en general, la tele la vemos poco (estuvimos casi dos años sin televisión y la verdad es que no la echábamos mucho de menos) pero vemos muchas pelis, tanto en DVD como en el cine y todas ellas tienen que pasar por el "tamiz represor" de sus padres, porque nunca ve una peli solo sentado ante el televisor. Del mismo modo que nunca se le ocurriría descargarse una app para la tablet (usa la mía, pero eso se merece un post aparte) sin consultar primero si puede hacerlo.

Hay edades para todo. Con diez años los niños son capaces de asimilar cosas para las que no tienen capacidad con cinco. Las series para preadolescentes y adolescentes son para esa franja de edad, no para niñas/os de siete u ocho años. Se han parado alguna vez a evaluar la cantidad de mensajes subliminales que se emiten en los programas/series/pelis infantiles?? Un ejercicio estupendo es coger lápiz y papel y ver tres o cuatro veces lo mismo, pero con sentido crítico. Asusta.

Pero la violencia no está solo en la tele. Está en el lenguaje, en los gestos, en el día a día. El hecho de que un niño sea tratado siempre con el máximo respeto y que se le exija lo mismo cuando se dirige al otro, no pegarle nunca (bajo ningún concepto) y no permitir siguiera que haga el amago de pegarle a uno de sus padres, no presenciar discusiones familiares, ni gritos, ni insultos, no escuchar como se desprestigia a un tercero,... 

Los primeros dos años de vida son los más importantes del mundo mundial. Cierto. En ellos se constituyen las bases del apego y harán al niño de una forma u otra. Los siguientes cuatro año, hasta los seis, son quizás un pelín menos importantes, porque el trabajo duro ya está hecho, pero tienen la relevancia del aprendizaje vicario. Copiar. Copiar. Y copiar. Cuando lleguen a la adolescencia, si ese trabajo no está bien hecho diremos que todo iba bien hasta que se hizo un amigo que lo llevó por mal camino. 

La violencia genera violencia y el buen trato genera buen trato. Los hombres que mañana tratarán con respeto a otros hombres o mujeres son hoy niños a los que hay que educar para ello. No se vacuna contra la violencia inyectando violencia en vena. El caminito no es ese. Y los educadores primarios de los niños que son sus padres, deben de ser conscientes de que no todo lo que se vende en una juguetería es un juguete, igual que no todo tipo de dibujos animados son adecuados para que los vean los niños. 

Los niños tienen el derecho a ser tratados con todo el amor, aunque el mundo sea salvaje. Ya llegará el momento en que tengan que salir a la selva a luchar, pero mientras tanto, tenemos la manía de no dejarlos vivir su infancia. Permitirles que disfruten de jugar, de la magia, de la imaginación, de la creatividad. Van a tener un montón de tiempo para ser mayores, mientras tanto... por qué no darles un espacio para ser niños?  



 







lunes, 22 de mayo de 2017

Buscando las estaciones.

Dicen que vivir en las Islas Canarias es vivir en la eterna primavera. Ciertamente, aquí no tenemos unos cambios brutales de temperatura con el devenir de los meses. Nuestro invierno es como el principio del otoño en el norte. Con la primavera podemos subirnos a los veinte grados. Y la temporada playera en el norte de las islas abarca fácil, desde mayo hasta octubre (en el sur, es prácticamente todo el año)

Todo ello teniendo en cuenta que después cada isla tiene sus particularidades y que, debido a la escarpada oreografía, las zonas sur y norte no tienen nada que ver. Los microclimas, que llaman.

Pues bien, dado que el verano ya lo llevamos puesto, este último año el Sr. Duende y yo, parece que sin quererlo, hemos ido a buscar las estaciones. Y las encontramos... 

Otoño en Budapest (octubre 2016)


 Invierno en Suiza (enero 2017)


Primavera en Copenhague (mayo 2017)


lunes, 10 de abril de 2017

Lisboa. Pastéis de nata.

Los pastéis de nata son un must en Lisboa. No puedes ir a esta ciudad y no probarlos. Lisboa va indisolublemente unida a pastéis de nata. Entre otras cosas, porque los verás por todos lados. En el desayuno del hotel. En puestos por la calle. En todas las pastelerías, restaurantes y cafeterías.



Básicamente se trata de unas cestitas de hojaldre con una especie de crema pastelera de yema, leche y azúcar. Se toman calientes o fríos, con o sin canela y/o azúcar glass por encima.
Eso sí, hay tipos y tipos de pastéis de nata. Los del desayuno del hotel o los que podías comprar cómodamente en el súper son muy malos.
La máxima fama (y provecho) la tienen los de Belém. Al lado del Monasterio de Los Jerónimos se encuentra la Antiga Confeitaria de Belém, sitio de peregrinaje de los turistas, ya que matas dos pájaros de un tiro, vas al monasterio y de paso, te tomas un pastelito, además te lo ponen en unas cajitas muy apañadas para que lo puedas llevar de regalo a parientes y amigos. Problema es que, como todo el mundo lo hace, las colas que se forman alrededor de la dichosa pastelería son kilométricas.



Se dio la circunstancia (como ya comenté aquí) que el día que elegimos para visitar el Monasterio, diluviaba, así que, además de llegar tarde, y encontrarlo cerrado, nos topamos con la dichosa pastelería... sin una sola alma bendita haciendo cola!!!! Evidentemente aprovechamos esa alineación planetaria para probar los pastelitos cuyos matices particulares llevan guardando de generación en generación desde 1837.


He de decir que, de entrada, me pareció un sitio con mucha solera. Llama la atención que haya un vigilante de seguridad en el interior, al lado de la puerta, supongo que ello se debe a las peloteras que deben de formar los turistas que esperan horas para comerse un pastelillo y después se encuentran con que se han terminado.  


Venden más cositas, como se puede apreciar (vinos portugueses, mermeladas,...), pero claro, los pastelitos se llevan la palma.




Una vez que ya tienes tu pastelito, adecuadamente empaquetado, te planteas tomar algo calentito, pero claro, para eso tienes que pasar al interior. Vale. Igual como llueve, no hay mucha gente. E inicias el periplo por una serie de pasillos y salitas, y te das cuenta de que aquello es ENORME!!










Hasta que al final llegas a un salón inmenso atiborrado de gente (pero... donde estaban??? si aquí no había nadie!!!), en el que camareros con walkies te indican el camino a seguir, solo a falta de cartelitos luminosos de Follow me. Increíble el montaje que tienen estos pasteleros. Cuando al fin conseguimos una mesita en un rincón de aquel sitio hiper ruidoso, y empezamos a esperar a que viniera un camarero para pedirle un café con leche... ya fue la repanocha. Cinco minutos. Diez. Quince.


Y nos cansamos de esperar. Así que nos zampamos el pastelito y nos fuimos. No podría asegurar si fue el mal humor que se nos metió en el cuerpo, pero la verdad es que no nos pareció nada del otro jueves. No estaba mal, pero tampoco estaba sublime. Personalmente creo que la fama se les ha subido a la cabeza y han perdido el norte.


Pero... para alegría de los dulces paladares, hay otros sitios donde hacen pasteles de nata. Quizás sin un local tan turístico, pero con unos pastelitos que nos gustaron mucho más. Entre ellos está la Manteigaria fabrica de Pastéis de Nata de la plaza Luis de Camões. Deliciosos. Fuimos dos veces. Es más, los que trajimos para casa fueron de este lugar.






La primera vez que fuimos no tuvimos que esperar nada. La segunda, el domingo por la mañana, había una cola discreta, nada que ver con la que nos encontramos esa mañana en la pastelería de Belém (domingo y tiempo despejado, ya os podéis imaginar el resto... la cola daba la vuelta a la manzana!!)


Por último, señalaría los de Tartine, una cafetería medio escondida cerca del archiconocido café A Brasileira, en la rua Serpa Pinto.


Hace poco vi un libro sobre postres internacionales, en donde venía la receta. Habrá que probar a hacerla en casa. aunque claro, por muy buena que quede... no será lo mismo que tomarla en plena Lisboa...