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miércoles, 27 de febrero de 2019

Clases de natación.



Los martes y los jueves vamos a clases de natación. A Jorge le gusta mucho. Aquella época de miedo al agua, ya pasó. La piscina está cubierta y climatizada. Pero es invierno. Invierno canario, pero invierno al fin y al cabo. Jorge tiene 9 años y medio y pesa 23 kilos. Ni un milímetro de capa de grasa. Cuando sale del agua está azul y tirita. Tiene un albornoz, pero ni con esas. Al salir de la piscina ni se ducha en los vestuarios. A toda velocidad le pongo la ropa en un intento de que vuelva a coger su colorcillo natural y ya tiene puesto un anorak cuando aún lleva el bañador. 
Este último mes ha estado malito y claro, con tos de camionero fumador no lo voy a llevar al polo norte. Así que hemos ido dejando correr los días. La semana pasada cuando se reincorporó, además de recordar el tema del frío se dio cuenta de que el hecho de estar tanto tiempo fuera le hacía estar más cansado de lo habitual. 
Negociando conseguí un compromiso de continuidad al menos una vez a la semana hasta la primavera.
"Tú no lo entiendes, mami, pero es que tengo MUCHO frío!"
Empatía. Me pongo en su lugar. Es verdad que hace frío. Lo veo salir azul pitufo. Pero si no va, cada vez le costará más. Además, a él le gusta. Pero claro, si le gusta... por qué tanta reticencia?
Le sugiero comprar un chaque de natación de esos ajustatitos para que note menos el frío.  Buscamos alternativas. Se ofusca. Comienza a decir que no sabe si ir o no. Que le cuesta mucho tomar decisiones. Que siempre le pasa. Que no sabe que camino tomar. 

Mmmmm... me he perdido... pero el problema no era el frío??

Tras la indecisión vienen los lagrimones. Y tras los lagrimones un comentario así como de soslayo sobre que por las tardes casi no estamos en casa juntos y cuando llegamos no nos da tiempo de jugar...

Espera... espera... pero si estamos toda la tarde juntos!!! Aunque... es cierto que cuando vamos a la piscina la tarde se complica y no nos da tiempo de nada... 

Cuál es la prioridad? Hacer deporte? Estar juntos? Difícil. Porque es importante que los niños hagan algún deporte, pero mi prioridad ante todo, siempre ha sido estar la máxima cantidad de tiempo posible con él. Jugar antes que limpiar el polvo de los muebles. 

Alternativas:
- Enfadarme porque estoy perdiendo dinero.
- Intentar transmitirle que ha adquirido un compromiso y que debe cumplirlo (lo cual es importante) y que si esto no ocurre será suspendido de la actividad.
- Ejecutar el ordeno y mando (que se me da muy mal)
- Aplicar las teorías de Rosa Jové, esto es, empatizar (poniendo palabras a su sentimiento), decirle como me sentiría yo y dar alternativas. 

Es realmente nocivo que si no le apetece deje de ir un día a una actividad que me consta que le gusta?  Tiene más peso mi necesidad de justificar que hace deporte que su necesidad de no querer hacerlo en un momento determinado?? Puede ser que ello sea la chispa que origine una negativa total y rotunda o quizás puede ser que simplemente hoy necesitara más atención que otros días. Más besos y más apoyo. Porque no todos los días son iguales. Quizás hoy se puso más nervioso de lo habitual con su examen de mates. Quizás el hecho de sacar "solo un 9" en el examen de lengua le hizo pensar que era un fracaso de nota. Quizás en el cole le dijeron algo que no le gustó. No lo sé. Hay cosas que no se pueden expresar pero que salen en forma de lagrimones en el momento más insospechado. Personalmente creo que deberíamos educar más ese sexto sentido y no quedarnos solo con la superficie. Con la negativa, con el enfado. La gran mayoría de las ocasiones los niños tienen buenas razones para hacer lo que hacen. El objetivo no es tomarnos el pelo, simplemente no saben llevar a las palabras  lo que sienten en la barriga. 

Leímos un cuento, jugamos y vimos una peli abrazaditos. Una lectura rápida podría ser que es un manipulador nato y que consiguió su objetivo. Prefiero pensar que enseñar a escuchar y a ponerse en lugar del otro es algo que se aprende con el ejemplo.  

jueves, 8 de marzo de 2018

8 de marzo de 2018.

Hoy, 8 de marzo de 2018, Día Internacional de la Mujer, yo hago huelga por mi sobrina, por mis futuras nietas y por mi hijo.
Sí, por mi hijo. Porque quiero creer en un futuro donde realmente reine la igualdad. Donde mi hijo pueda jugar con castillos y princesas sin avergonzarse por ello. Donde pueda decir en voz alta que su color favorito es el lila. Donde no me diga que esa camiseta que le encanta  se la pondría por la tarde o los fines de semana, pero no para ir al cole. Donde no lo miren raro cuando dice que practica gimnasia rítmica. Donde pueda dejar volar su creatividad con la pluma y el pincel hasta límites insospechados. Donde pueda llorar sin que lo tachen de "nenaza". Donde pueda mostrar su sensibilidad sin pudor. 
Porque no voy a consentir que ningún machoman se crea superior a él por jugar al fútbol, llevar el pelo rapado o tomar asteroides para tener más músculos en brazos y pectorales. 
He tenido mucha suerte en la vida. Tengo un trabajo estable, con buenas condiciones laborales, bien remunerado y en el que me siento respetada. Ninguno de los hombres de mi vida (incluido mi padre) ha hecho si quiera el ademán de levantar la mano para bajarla en forma de agresión, tampoco me han hecho sentir nunca agredida verbalmente hablando. No consiento que me griten, humillen o infravaloren. Ni una vez. Nunca. En el ámbito familiar, Jorge considera que lo único que no hace su papá que sí hace su mamá es... "tejer".     
He educado a mi hijo para que no se sienta superior a ninguna mujer. Para que las vea como iguales. Tuvo muñecas, cocinita y disfraz de hada. Siempre ha visto como su padre cocinaba, ponía lavadoras, planchaba, limpiaba la casa... y, de un tiempo a esta parte, incluso cosía a máquina (curiosa su cara de asombro cuando le hago reflexionar sobre lo poco habitual en otros hogares de esos comportamientos totalmente normalizados para él). De qué sirve eso si después todos los mensajes externos van en otra dirección y ya con tres años hay niños que dicen "no puedes ponerte eso porque es de niñas"? Vaya... pero... eso no debería estar ya superado?? Algo falla...
Hay ropa para niños y ropa para niñas. Libros para niños y libros para niñas. Juguetes para niños y juguetes para niñas. Deportes para niños y deportes para niñas. Apps para niños y apps para niñas. Y pobre de aquellos que osen cruzar las líneas rojas. Tarde o temprano habrá un dedo acusador que los señale.
Se llenan la boca sobre el poder de educar en la igualdad pero no ponen cortapisas a que los juguetes relacionados con las tareas del hogar sean de color rosa. O los legos. Históricamente hablando, los legos son unos juguetes que siempre han estado orientados hacia los niños, varones. Se presupone que a las niñas no les interesan las construcciones (y por extensión, tampoco la arquitectura, la ingeniería, ...), sin embargo, viendo el filón de las nuevas generaciones han sacado una líneas como Lego Friends o Lego Elves y han caído exactamente en los mismos clichés, pero a la inversa. Por qué estas líneas están orientadas de forma explícita hacia las niñas? Es que a los niños no les pueden gustar los dragones si no son de color rojo sangre o negros?? No pueden salir a divertirse con sus amig@s estableciendo vínculos socioafectivos fuertes?? Qué problema hay en que un niño juegue con un castillo lila?? Entonces... por qué en la publicidad solo salen niñas o están en la sección de "juguetes para niñas" de las tiendas?? De qué sirve que yo le transmita a mi hijo continuamente el mensaje de que los juguetes son juguetes, que hay normalización en ese campo, que no hay unos para niños y otros para niñas cuando la sociedad  envía el mensaje contrario??
A pesar de que hemos avanzado en muchos aspectos, hay otros en los que estamos estancados. Mientras no seamos conscientes de que es más importante la educación por la igualdad que mostramos día a día en el ámbito intrafamiliar o la que se transmite en los medios o la que se imparte en las escuelas, que el aumento de las condenas o las banderas a media asta o los minutos de silencio... no cambiaremos el mundo. 
La educación (que no la enseñanza), ese es el único motor para lograr el cambio social.    
Es por todo ello que hoy, voy a la huelga.


lunes, 5 de marzo de 2018

El chivato.

Jorge es hijo de padres viejos. No me refiero a que no estemos llenos de tatuajes (que también). Lo percibo en los detalles. Entre ellos, uno que destaca entre otros es el respeto hacia la figura del adulto. Para él, el adulto es casi un Dios. Ello tiene su lado bueno y otro que no lo es tanto, pero ha sido criado en un ambiente en que hay que respetar a las personas mayores, de forma que nunca ha tenido ningún problema en el cole con los profes. Es un guía y él no utiliza su sentido crítico (que lo tiene) para cuestionarse su proceder. Por supuesto, entiende que es lo adecuado, que al cole se va a disfrutar y a aprender.
Un día lo recogí con una carilla diferente y después de indagar un poco, me dijo que le había pasado algo en el cole con unos compañeros. La cuestión es que el profe dijo que dejaran unos ejercicios para el día siguiente y dos de sus compañeros se pusieron a hacerlos, con lo que él se lo dijo a su profesor, en medio de un halo de sorpresa, un algo así como "cómo es posible que estén haciendo esto si el profe ha dicho que no?", con lo que el profe se molestó mucho y les hizo quedarse un rato más en la clase una vez que comenzó el tiempo de recreo.
En el recreo, Jorge se acercó a ellos para jugar y uno de estos compañeros le dijo al otro, "no hables con él, que es un chivato", Jorge se puso muy triste, comenzó a llorar, otra niña avisó al profe y les echaron un segundo rapapolvo. Jorge cuando me lo contaba me decía "mami, yo no soy un chivato, solo le dije al profe que estaban haciendo algo que él había dicho que no hicieran!!! Eso está mal??" y después me suelta "por cierto, qué significa chivato?"
Así que me tocó explicarle que a veces uno tiene que mirar solo para sus propios intereses, sin fijarse demasiado en lo que hacen los demás, siempre y cuando no sean cosas muy importantes o que impliquen a otro niño. Que no está mal decirle al profe las cosas que pasan, pero que cada uno tiene que responsabilizarse de lo que hace bien o mal. Que ante una situación similar quizás podría ser más efectivo hablar primero con los niños implicados y después decírselo al profe.
Esto es, decir de un modo políticamente correcto, "cariño, tú ves que siempre te hemos dicho que hay que ayudar a los demás, buscar al adulto para que te preste su ayuda, ver al profe como alguien que está de tu parte y en quien hay que confiar, aprender a compartir, ser honesto, bueno, educado,... pues bien, en esta sociedad en la que vivimos si eres todo eso, te conviertes en un chivato, así que es mejor que mires para tu propio ombligo y te centres en tus intereses si quieres salir ileso de esta etapa de primaria (y de la secundaria, mejor no hablar)"
Me da muchísima rabia, porque es altamente contradictorio que criemos niños que aprendan a mirar para sí mismos y esperemos que en un futuro desarrollen una sociedad que busque el bienestar general. Pero por otro lado está la supervivencia... sobre todo cuando te toca ser el diferente... Qué ha de primar? 



viernes, 2 de marzo de 2018

Lactancia materna prolongada.

Cualquiera que haya seguido mi trayectoria maternal, sabe que soy una defensora a ultranza de la lactancia materna. Al principio, como cualquier madre que está segura al cien por cien de que lo que hace es lo mejor del mundo mundial para su cachorro, me indignaba con quien daba argumentos contrarios. Me sabía de pe a pa todo lo sabible sobre tetas y teorías varias relacionados con beneficios psicológicos para el bebé y la mamá. 
Ahora... soy menos radical... Sigo pensando que es lo mejor que he podido hacer por y para MI hijo, pero puede no serlo para otra mamá y otro bebé. En el fondo, lo más importante es que uno se sienta cómodo y feliz con la crianza, y si valora que dar la teta es una lata porque la única que las lleva es la mamá... pues el placer se acaba y da paso al hastío. No tiene sentido. Mejor dejarlo y ser feliz dando el biberón.
Dicho ésto, desde hace tiempo quería dejar constancia de mi experiencia. Fue maravilloso. De principio a fin. Hubo un momento 0, en el que me asaltaron un millón de dudas, pero también había seguridad en que por qué no iba a poder si miles de millones de madres habían podido antes que yo. También hubo algún bache, que logramos solventar con éxito. Llegaron los primeros seis meses y yo pensé... ¿ya está? no se puede terminar aquí... Y se dio la circunstancia de que Jorge en vez de tomar la teta "de postre", como suele decirse por ahí, la tomaba "de primero". Fue después del primer año que empezó a interesarse por la comida, hasta entonces, solo una pequeña parte acababa en su barriga. Su primera palabra fue "papá" y la segunda... "teta", supongo que porque mamá fundamentalmente era eso: una teta gigante cargada de deliciosa leche.
Cuando empezó a hablar, me contaba teorías tan interesantes como que si había poca leche era porque ese día yo no había tomado lo suficiente, ya que había una pajita que unía por dentro mi barriga con las tetas y por eso salía leche. O que la leche sabía dulce y que olía a mami. O que lo relajaba el olor de mi piel (esto sigue ocurriendo hoy en día)
Nunca tomó biberón. Nunca tuvo chupa. Hasta después del año no empezó a tomar agua (en vasito) 
Nosotros llevamos la teoría de Carlos González hasta su máximo esplendor: "¿Hasta cuándo es conveniente mamar? mínimo seis meses y de ahí en adelante, mientras mamá y bebé quieran" y Jorge quiso hasta los cinco años, con un destete progresivo por su parte, sin forzar. Nunca se le negó la teta, ni me puse nada en los pezones para que le dejara mal sabor, ni nada por el estilo. 
Todavía en el último año de educación infantil, cuando llegaba a recogerlo al cole, sin ningún tipo de pudor, me levantaba la camiseta y se ponía a mamar. A modo de bienvenida. Nadie lo censuraba.
Es evidente que con cinco años el aporte calórico que podría darle era ínfimo, no obstante, quien se quede con que dar la teta es sólo eso... es que no ha entendido nada. Sabor, tacto y olor se unen en una situación de calma que el niño busca para relajarse, al tiempo que genera complicidad. Los niños no nacen sabiendo controlar sus miedos o sus frustraciones, somos los adultos los que tenemos que ir enseñándoles como hacerlo y, mientras tanto, darles alternativas. 
Durante esos años la mayoría de las familias de nuestro entorno lo veían con normalidad (un grupo de familias relacionadas entre sí por el mismo estilo de crianza, que en su mayoría mantenemos hasta hoy), no obstante, no todo el mundo fue igual de comprensivo. Había también muchos críticos. Nunca he pedido la comprensión o el entendimiento sobre mi forma de actuar como madre, cada uno elige una forma de educar que considera que es la mejor, tras ello, solo queda actuar en consonancia y con seguridad.  
La crianza de Jorge ha sido (y es) una verdadera delicia. Evidentemente, no es gracias en exclusiva a la lactancia materna, pero estoy segura de que el vínculo tan sólido que tenemos mi hijo y yo, tiene que ver en alto grado con la misma. Me reitero: es pura magia.


jueves, 2 de noviembre de 2017

Mesa de estación: otoño (Nature table: autumn)

Y llegó el otoño. Debería decir algo así como... dando frescor a los días cálidos del verano... 
Pero mentiría. Este ha sido uno de los otoños más calurosos que recuerdo. 30º marcaban los termómetros este fin de semana (ya en casi casi noviembre). Y como uno nunca está conforme con lo que tiene, lo que estoy es loca por calzarme los zapatos de invierno y usar mis chales y dedicarme sin tapujos a tejer como una posesa mientras tomo una taza de té humeante.  
Mientras esos momentos de felicidad plena llegan, nos conformamos con ir poniendo la mesa de estación.
El otoño arranca con el cumpleaños de Jorge, así que es nuestra estación favorita. No podría ser de otro modo. De modo que ésta, es nuestra mesa preferida. Evidente.
Por su cumpleaños, Jorge siempre le pide a su padre que le haga algo en particular. Con lo que cada año vamos añadiendo detalles. La mesa de estación de otoño creo que fue el regalo de su cuarto cumpleaños. El año pasado le pidió a su papá que le fabricara una casita de hadas y, este año, una mesa con sus sillitas. El papá se carga de creatividad y acaba elaborando cosas tan chulas como estas.
He de decir que las hadas no creaciones son mías. Son del taller de mi amiga Nuria (que por cierto, recibe encargos y hace cosas preciosas). Y el caballo fue un regalo de cumpleaños de un amigo de Jorge de su escuela de infantil, hecho por su mamá.  
Eso sí, evidentemente, todo lo tejido ha salido de mis agujas.
Estamos muy contentos con su llegada, Sr. Otoño. Pero, por favor, instálese de una vez... 




La historia que queremos contar es la de los preparativos para la llegada del otoño. Los enanitos vigilantes de la cosecha controlan que todo vaya bien y que los frutos otoñales salgan en su justo momento. Champiñones, setas, calabaza, maíz, peras y uvas. 



Mientras, los animales pequeños se aprovisionan de frutos (las bellotas, muy poco comunes en las Islas Canarias, vinieron camufladas en la maleta el año pasado desde Budapest)




Y a cierta distancia, el hada y la dama del otoño van marcando las pautas y los tiempos. Daos prisa!! Que ya se acerca el Señor Invierno!!! Y todo tiene que estar listo!!!


 

lunes, 12 de junio de 2017

Silencio: se juega.

Día de lluvia. Niños que no pueden salir al recreo. Profe que decide reunir a los peques de infantil y primer nivel de primaria y ponerles una peli.

La profe pone Spiderman. Niño que la mira y le dice "Seño, yo no puedo ver esa peli, mi mamá no me deja ver ese tipo de películas. Son muy violentas y tampoco deberían verla los pequeños" Profe que mira al niño con cara de "mande?" y le responde... "pues... si no quieres ver la peli... ponte a pintar..."

Jorge nunca ha visto una peli "de tiros". Es un lenguaje tan lejano para él, que por no conocerlo se ha inventado las palabras. Así, por ejemplo, en algún momento cuando jugando me ha hecho la forma con las manos de una pistola, me ha dicho "mami, te voy a pistolar". Yo soy de las que nunca le compró una pistola, lo más parecido que tuvo fue una pequeñita de agua que le dieron en la piñata de un cumpleaños. Él tampoco ha tenido interés por jugar a indios y vaqueros o a policías y ladrones. Lo más malo que puede encontrar en su imaginario son las brujas de los cuentos. 

No creo que los niños deban ver imágenes violentas, porque la violencia genera violencia. Tanto su padre como yo nos cuidamos mucho de controlar lo que ve en televisión, y no existe ansia por su parte por ver las cosas que no se le permiten, simplemente porque no generan interés en él. No hay "control parental" en los televisores a los que tiene acceso (en casa de su abuela, de su abuelo,..) existe autorregulación. Cuando por azar pasa por un canal que están poniendo unos dibujos que no solemos ver, es que ni se para, tiene interiorizado que no merecen la pena; si está en una casa que no es de su familia, informa que a él no le dejan ver eso y si no lo cambian, se pone a jugar a otra cosa. Los canales que no son infantiles, ni los mira. Hay que decir que, en general, la tele la vemos poco (estuvimos casi dos años sin televisión y la verdad es que no la echábamos mucho de menos) pero vemos muchas pelis, tanto en DVD como en el cine y todas ellas tienen que pasar por el "tamiz represor" de sus padres, porque nunca ve una peli solo sentado ante el televisor. Del mismo modo que nunca se le ocurriría descargarse una app para la tablet (usa la mía, pero eso se merece un post aparte) sin consultar primero si puede hacerlo.

Hay edades para todo. Con diez años los niños son capaces de asimilar cosas para las que no tienen capacidad con cinco. Las series para preadolescentes y adolescentes son para esa franja de edad, no para niñas/os de siete u ocho años. Se han parado alguna vez a evaluar la cantidad de mensajes subliminales que se emiten en los programas/series/pelis infantiles?? Un ejercicio estupendo es coger lápiz y papel y ver tres o cuatro veces lo mismo, pero con sentido crítico. Asusta.

Pero la violencia no está solo en la tele. Está en el lenguaje, en los gestos, en el día a día. El hecho de que un niño sea tratado siempre con el máximo respeto y que se le exija lo mismo cuando se dirige al otro, no pegarle nunca (bajo ningún concepto) y no permitir siguiera que haga el amago de pegarle a uno de sus padres, no presenciar discusiones familiares, ni gritos, ni insultos, no escuchar como se desprestigia a un tercero,... 

Los primeros dos años de vida son los más importantes del mundo mundial. Cierto. En ellos se constituyen las bases del apego y harán al niño de una forma u otra. Los siguientes cuatro año, hasta los seis, son quizás un pelín menos importantes, porque el trabajo duro ya está hecho, pero tienen la relevancia del aprendizaje vicario. Copiar. Copiar. Y copiar. Cuando lleguen a la adolescencia, si ese trabajo no está bien hecho diremos que todo iba bien hasta que se hizo un amigo que lo llevó por mal camino. 

La violencia genera violencia y el buen trato genera buen trato. Los hombres que mañana tratarán con respeto a otros hombres o mujeres son hoy niños a los que hay que educar para ello. No se vacuna contra la violencia inyectando violencia en vena. El caminito no es ese. Y los educadores primarios de los niños que son sus padres, deben de ser conscientes de que no todo lo que se vende en una juguetería es un juguete, igual que no todo tipo de dibujos animados son adecuados para que los vean los niños. 

Los niños tienen el derecho a ser tratados con todo el amor, aunque el mundo sea salvaje. Ya llegará el momento en que tengan que salir a la selva a luchar, pero mientras tanto, tenemos la manía de no dejarlos vivir su infancia. Permitirles que disfruten de jugar, de la magia, de la imaginación, de la creatividad. Van a tener un montón de tiempo para ser mayores, mientras tanto... por qué no darles un espacio para ser niños?  



 







lunes, 3 de abril de 2017

Jorge aprende a nadar.

Vivimos en una isla. Eso a nadie se le escapa. Jorge desde pequeñito se acostumbró a estar en la playa. Y como a todos los bebés le encantaba la hora del baño. Eso sí... que no le mojaran la cara... Como eso pasara, entraba en modo pánico. 

Si estábamos en la playa y se le mojaba la cara tenía que salir del agua a secarse los ojos. De forma que disfrutaba mucho de la playa, pero sobre todo en la orilla; aunque estuviera conmigo era incapaz de relajarse y pasarlo bien dentro del agua. Cuando tu casa está a cinco minutos caminando de la playa... esto, es una verdadera faena...

Visto lo visto y sabiendo que si él tiene miedo a mi se me acumulan trocitos de ese miedo y no soy capaz de transmitirle completa y absoluta seguridad (por mucho que me empeñe), el año pasado le sugerí que fuera a un cursillo de natación de un mes, dos veces por semana. Aceptó la idea con ilusión. compramos todo el equipo: bañador, gafas, gorro, zapatillas de goma y albornoz. Llegó el día X con expectación. Y, al terminar la clase, me dijo que no quería volver. Cogió un catarro tremendo y se escaqueó de la segunda clase. Opuso resistencia activa a la tercera, y me dijo que todo era culpa de las gafas, porque se le colaba el agua. Le compré unas súper gafas que hacían un vacío perfecto. Fue a la tercera clase. Al acabar, entre llantos e hipos me dijo que por favor no lo obligara a volver, que le daba mucho miedo. El monitor me dijo que no me preocupara, que eso con un par de clases más se le pasaría, que cometería un error si lo quitaba. 

No volvimos. Evidentemente. No era su momento.


En una estantería de nuestra librería habitual me encontré este cuento. "Ana aprende a nadar". Lo leímos juntitos en el sofá de casa; me decía que eso era lo que le pasaba a él, que tenía mucho miedo cuando le decían que se pusiera de espaldas, porque no confiaba en el monitor. Se sintió muy identificado con la niña protagonista, y decía todo el tiempo, "mira mami, como me pasa a mi!" . Miedos identificados y verbalizados. El cuento le encantó. Pero no conseguí nada más. 


  
Durante el verano seguimos yendo a la playa. De las clases de natación sacó en claro que con el churro que utilizan en las piscinas se movía muy bien a caballito y se hizo un experto en su uso. No más.

A mediados de marzo me llamaron de la piscina del pueblo. No me lo esperaba porque nos dieron turno para... dos años después de haberlo pedido!! Le dije al chico que tenía que preguntarle primero a mi hijo, ya que la respuesta podía ser un rotundo no. Para mi sorpresa... me dijo que no estaba seguro, pero que lo intentaría. Llegó ilusionado. Durante la clase lo vi reír varias veces. Cuando lo recogí me dijo que le había gustado. Pero un rato después de salir, ya le entraron las dudas. Que tenía miedo, que se le mojó la cara, que si le decían que se tirara no iba a poder.... Por la noche lo hablamos, me transmitió sus miedos acurrucadito entre mis brazos y le dije que si no quería volver no lo haríamos, pero que ese día se lo había pasado bien y que era muy valiente por haberlo intentado.

Quiso volver. Y le gustó mucho. Y el tercer día le gustó más aún. Ha ido a seis clases y ya dice lleno de orgullo que sabe nadar, se tira desde la orilla de la piscina y... mete la cabeza bajo el agua!!!
Es maravilloso verlo disfrutar, pero sobre todo me llena de tranquilidad el haber tenido la paciencia de saber esperar el momento adecuado.

La moraleja del cuento, es que a todos los niños no les llega el momento de aprender a nadar al mismo tiempo. Seguro que si se le hubiera obligado en el verano pasado habría aprendido, pero... con qué coste? merecen la pena las lágrimas?? Muchas veces solo hace falta escuchar sus necesidades y no solo las nuestras....

lunes, 20 de febrero de 2017

La chaqueta de los botones maravillosos.

El verano pasado quería hacerle a Jorge una chaquetita para un par de eventos importantes que íbamos a tener en el período estival. Como la graduación en la universidad de la niña de la casa. Quería algo sencillito, pero resultón. 



Descarté trenzas y calados. Después de mucho buscar, al final me incliné por este patrón de La Droguerie con hilo de algodón Natura de DMC (de mis favoritos en algodones). Sobre el hilo, nada que añadir que no haya dicho ya; me gusta mucho la caída que tiene y la gama de color, además de que tejerlo es una delicia. Sobre el patrón he de decir que, evidentemente, es muy fácil. Pero el tallaje... mmmm.... para mi gusto deja mucho que desear. 


Como se puede observar a simple vista, Jorge es un peso pluma, así que lo hice en un talla para seis años por aquello de no pasarme y que al final le quedara demasiado grande, pero, me resultó tan pequeño que tuve que alargarlo como cuatro dedos, incluido el largo de las mangas. Aún así, después de haberlo cosido, me parece que debería haberle puesto un par de centímetros más, ya que al girarse el vuelto hacia arriba, parece aún más corto (cierto es que en estas fotos está con una camisa de corte bastante largo, pero es que me encanta como le queda el conjunto)


Y vosotras, queridas lectoras diréis... "a esta chica le ha dado un aire... qué botones le ha puesto a la chaqueta del niño!" Pues la cuestión tiene su enjundia. Resulta ser que se me ocurrió la estupenda idea de ir a comprar los botones con él (error!) y entre tanta maravilla de colores, se le fueron los ojos a unos dorados con una piedra enorme roja en el centro. Después de explicarle que un botón rojo y dorado en una chaqueta azul de verano quedaba un poco raro eligió unos con una piedra verde, después otros con piedras transparentes brillantes,... y sí sucesivamente unos diez más. A todos le iba diciendo que no porque era muy dorado o muy rojo o muy brillante o muy loquefuera... Intenté que se inclinara por unos del mismo color o grises ("qué sosos!") o de madera ("qué feos!") o de figuritas. Hasta que llegó un momento en que me dijo, "a ver, mami... para quien es la chaqueta?? para ti o para mi??" y claro... me dejó sin argumentos... Así que éstos son los botones menos llamativos de todos los que eligió... imagínense cómo era el resto...

Reconozco que me puse de los nervios, de pensar en lo apañadita que era mi chaqueta y lo horrorosos que iban a quedar esos botones en ella. Incluso la dueña de la mercería (familiar nuestro, por cierto) me dijo, "muchacha, eso dentro de un par de semanas le quitas un botón, le dices que se ha perdido y se los cambias" . Pero no, la chaqueta trajo una nueva lección de vida, que no es otra que al igual que nosotras no tenemos ganas de ver a todas horas dibujos animados o de pintar cuando ellos pintan o de jugar a los legos cuando a ellos les apetece... sus gustos cada vez van a coincidir menos con los nuestros y cuanto antes lo asumamos, más fácil será para ambos y menos encontronazos tendremos a lo largo de todos estos períodos de crecimiento e independencia progresiva.

Por otro lado, y dándole la vuelta al asunto, me enorgullece que tenga una seguridad tal en sí mismo que le de igual lo que opine el resto de la humanidad; no dejarse llevar por las mareas y reivindicar el propio punto de vista, no es tarea fácil en los tiempos de uniformidad que corren. 


La carita cuando vio su chaqueta terminada, los ojos de asombro con los que miraba sus botones requetepreciosos y el orgullo con el que decía a todo el mundo "la chaqueta me la hizo mi mamá" merece la pena... 

Ya, hasta me gusta verlos... con decir que le compré un botón de repuesto por si se le perdía alguno... 

lunes, 13 de febrero de 2017

Donde están las llaves matarilerilerile...



Ocho menos diez de la mañana. Hora exacta en que hay que salir de casa si quiero llegar al cole antes de las 8:30. Atascos. Retenciones. El pan nuestro de cada día.
Desayuno de media mañana en la mochila. Dientes lavados. Cazadora puesta. Mochila al hombro.
Zapatos de mamá. Bolso. Móvil. Llaves. Llaves? LLAVES??? Donde están las llaves????

- Jorge, cariño, ayer cogiste las llaves para ir a buscar al coche la mochila... Donde las pusiste?? No están en su sitio...
- Yo creo que cuando bajé te las di... (Creo?? ay... madre...)
- A ver... vamos a hacer un esfuerzo, intenta pensar en lo que hiciste cuando subiste a coger la mochila al coche...
- Yo subí. Abrí el coche. Entré. Puse las llaves en el sillón. Cogí unas cartas que se me habían caído. Salí del coche. Cerré la puerta. Bajé.
- Vale. Cerraste la puerta y después le diste al mando?
- No. Le di al mando. Puse las llaves en el asiento y cuando salí cerré la puerta (doble ay... Nopuedeser que se hayan quedado las llaves dentro del coche... nopuedeser...)

A todas estas, ya estaba revolviendo toda la casa, intentando encontrar las llaves. Porque si no estaban en su sitio.... a saber dónde estaban metidas...
Las 8:00. Las 8:10. Las 8:15...
Desesperación. Enfado. Impotencia. Los siete demonios (incluido el de Tasmania) se me comían las entrañas. No decía nada, pero mi cara debía ser un poema. A la tercera vez que Jorge me dijo, "mami, respira hondo, que estás muy nerviosa" me dieron ganas de tirarlo por la ventana...

Así que ante la idea de que las dichosas llaves no aparecieran o lo que era aún peor... que se hubieran quedado dentro del coche... llamé al poseedor de las llaves de repuesto. Que raudo y veloz se puso las pilas y en cuarenta minutos estaba en la puerta de la casa (que teniendo en cuenta que cuando llamé estaba aún en la cama y que vive a cuarenta km es todo un mérito) 

En el intering y dado que ya no había remedio para solventar la situación que no fuera esperar las llaves sustitutas, pensé que no quedaba otra que intentar sacar provecho de la situación. Así que con la voz más pausada que pude, mantuve una conversación con Jorge...

- Jorge, tenemos que ver que podemos aprender de todo esto que nos ha pasado. Qué se te ocurre a ti?
- Mmmm... Que deberíamos levantarnos más temprano por si vuelve a pasar?
- Sí, bueno, eso también... pero para que no nos vuelva a pasar...
- Que deberíamos tener muchas copias de las llaves??
- No nos vendría mal alguna más, por si acaso. Pero.... se te ocurre alguna otra cosa?? (a todas estas, el enfado si bien se había disminuido algo, para nada se había eliminado, con lo que no sé de dónde saqué la flema británica de la que carezco para no decirle a voz en grito "Está terminantemente prohibido coger mis llaves!!!!")
- Poner siempre las llaves en el mismo sitio??
- Esa me parece una gran idea Jorge. Vamos a buscar un sitio que nos guste a los dos, un cuenco, una cesta o algo, que los dos sepamos que ESE es el sitio de las llaves y si las vemos fuera de ese sitio, sepamos que deben ir a parar allí de cabeza. Otra cosa que se me ocurre es que sea yo quien se encargue de coger las llaves, más que nada, porque así solo estarán de manos de una persona, con lo que si se pierden serán más fáciles de encontrar... que te parece?
- Me parece una gran idea mami... estás más tranquila?
- Sí... aunque esta tarde tenemos que buscar las llaves hasta que aparezcan...
(...)

Y aparecieron. Después de buscarlas durante más de horas. Caídas dentro de una bolsa con washitapes. Misterio. Los duendes. Supongo que alguno de los dos las puso sobre el borde de algo y en un intento de suicidio, cayeron allí. 

Balance: hora y media de retraso en el cole y en mi trabajo. Dos horas perdidas por la tarde buscando habitación por habitación las susodichas. Pero sobre todo, esperar que el modelado de cómo responder ante situaciones complicadas sin gritar, y buscando alternativas para que no vuelva a ocurrir en futuras ocasiones, vaya quedando impreso en algún lugarcito de ese cerebro...

domingo, 2 de marzo de 2014

Mar de lágrimas

Esta semana tuvimos una tutoría con la maestra de Jorge. No estoy hablando de un espacio donde te digan que tu hijo pinta por dentro de las líneas marcadas en los dibujos o se sabe los números del uno al cien y es capaz de decirlos de carrerilla. No. Se trata de un tiempo para que papás y maestra intercambien información relevante para ambas partes sobre el día a día el niño. Cómo se relaciona. Sus juegos. Si se siente a gusto en el entorno en el que se mueve. Grados de confianza en sí mismo o en los demás. Sus centros de atención. Comportamiento en casa, en el cole, en el entorno cercano. Sueño. Alimentación. Las formas que tiene que de respuesta ante las situaciones de alegría, pena, estres,... Casi dos horas de rica conversación, de la cual ambas partes quedamos más que satisfechas.
De todo ello me quedo con dos cosas importantes. Una es la evolución brutal que ha tenido el dibujo de Jorge en los últimos dos meses. Pasando del garabateo a composiciones de casitas con figuras humanas (incluso con brazos!!!!), árboles, flores, sol,.... completitos completitos. Y tan interesantes como para coger El test de la Familia y echarse un rato sacando conclusiones. Pero lo que me dejó realmente impactada es que la maestra comentó que a Jorge le costaba sacar pa'fuera los enfados. Los demás niños se tiran por el suelo, pelean, discuten, lloran, pegan,... Y Jorge, cuando se cabrea de verdad, aprieta puños y dientes, pero no sabe exteriorizar. De modo que se tensa. Y probablemente ese día, cuando yo llegue, al llegar al coche se enfadará y llorará porque... tengo galletas de fresa y no de chocolate. Es lo que tiene la confianza.
Y es entonces cuando Adi cae en la cuenta... Ostras! pero si es igualito a mi!!! Peroperopero... por Tutatis!!!! Por qué diablos este niño ha ido a reproducir uno de mis peores defectos???
Hola. Me llamo Adi. Y soy altamente cerebral. TODAS mis decisiones las pienso. Las repienso. Valoro ventajas e incovenientes. Pienso hasta en cómo me voy a sentir si hago ésto o aquéllo. Y en las consecuencias a corto, medio y largo plazo. En cómo se van a sentir los demás (hasta el portero del edifico, si hace falta). Pero con el ligero matiz de que durante todo ese proceso me olvido de lo que YO siento. Y claro... así  me va. Con insomnio, pérdida de peso, contracturas musculares, humor variable,... Peeeeeeero siempre con buena cara. Lo más difícil del mundo mundial es verme a mi cabreada. Recuerdo todas y cada una de las Broncas que he tenido en mi vida y las puedo contar con los dedos de una mano y añadir que de esas, ninguna ha sido con una pareja sentimental.
Esta semana en varias ocasiones me han dicho que a veces es necesario dar un golpe en la mesa o pegar un grito. Exteriorizar el enfado. La importancia de ser más corazón y barriga, y menos cabeza.
Tengo que aprender a escuchar más lo que dice mi piel. A relajarme. A llorar con testigos. A gritar de enfado. Por mi. Por Jorge. Porque si yo no lo hago, él no aprenderá cómo hacerlo. El infravalorado poder del aprendizaje vicario.

De modo que, en medio de esta desazón, he intentado dejarme llevar y explicar una vez más, la causa de que me de golpes contra las paredes como una pelota vasca. Y me he encontrado con un movimiento sísmico que ha hecho amago de cubrir de piedras el caminito avanzado en el último año. Y se me ha tambaleado la seguridad que tenía. Y mi cabeza se ha llenado de pena y culpa.
Así que esta semana ha sido la de las lágrimas. Agua de la que provenimos y que purifica, que dicen siempre trae cosas nuevas. Lágrimas de rabia, pena y tristeza. Pero si algo han tenido de bueno, además del desahogo, es que han sido lágrimas compartidas. A algunos les ha pillado por sorpresa. Otros las esperaban. Y otros han tenido la suficiente delicadeza, o el valor, como para, a pesar de lo incómodo que pueda ser, cogerme la mano mientras me regalaban un espacio para contar y llorar. Y a lo largo de ese día, en mi mesa de trabajo, fueron surgiendo, como por arte de birlibirloque, señales de arropamiento. Un girasol. Unos caramelos. Una pequeña hada protectora. Un post it con una sonrisa. Una carta recordando la importancia de ser libres para expresar sentimientos.


Creo que ellos no lo saben. Pero el apoyo que me muestran los días en que no soy la alegría de la huerta, ni  llego cantando al trabajo o regalando sonrisas, es impagable.
Acompañar en el camino de la vida no es más que eso. Compartir los días azules es fácil. Malo es estar cuando el otro sufre. Y cogerle de la mano. Y ofrecer abrazos sin condición. Simplemente porque se sabe que lo realmente jodido es... sufrir en soledad.


"Puedes olvidar
Con quien has reído
Pero nunca olvidaras con quien has llorado"
Luis Pastor, Mar de lágrimas

martes, 25 de junio de 2013

Rayas de colores para invocar al Rey Sol.


Rayitas III (3 años y 17 días)

La presentación oficial del éxito tejeril de la primavera-verano. Sin duda. Jorge está requetecontento con este jersey. Es perfecto para esta época en la que el calor sigue sin decidirse a llegar, pero mientras, tampoco hace un frío terrible. Además, los colores alegres animan el ambiente (que buena falta me hace)

Rayitas II (3 años y 17 días)

Está elaborado con el algodón de mi cesta en verano, vamos, el Natura Just Cotton de DMC. Qué tonos... mon dieu!!!

Rayitas 3

Colores: Ivory, Tournesol, Coral, Jade y Pistache. No os parece una combinación estupenda para los anocheceres del verano???



Rayitas I (3 años y 17 días)

El patrón de la revista Phildar Nº30, (Pitchoun) Printemps-Été 2010 (más en MiRav)

Rayitas 2

Aunque reconozco que ya me estoy empezando a cansar de tanta rayita, me parece que este jersey en particular es... perfecto!!!

Aviso para navegantes: por cierto, señores de DMC, sigo pensando que deberían tener en cuenta tanta publicidad gratuita que les hago.... :)

martes, 21 de mayo de 2013

Jersey de perrito

Amor a primera vista. Error. A veces pasa. Los amores centelleantes en ocasiones defraudan.

Primer error: ya casi había llegado al cuello (después de descubrir que no me gustaba tanto hacer dibujos con el método intarsia como pensaba, o quizás era el hacerlos bajo presión, en ámbito hospitalario), cuando me di cuenta de que no le había hecho sisa. 
Idea fugaz: a tomar por saco! 
Pensamiento sensato: deshacer. 
!""!"%$&/$&... por qué será una tan formalita y responsable? No tengo que añadir cuál fue mi decisión, verdad?

Segundo error: después de haber deshecho y estar terminando de nuevo el perrito... oh! Por Tutatis!!! me había comido un trozo del esquema... ains... vuelta a empezar...

Perrito 4

Tercer error: elegir el hilo que recomendaba la revista. Lo siento mucho, señores de Phildar, pero se trata de un algodón muy rígido, carece de caída, se despelusa con facilidad y tiene un brillo raro. Además, desde mi humilde punto de vista, es muy grueso para hacer jacquard, con lo que este no se "sienta" bien y quedan unos desagradables hoyuelos al hacer el cambio de hilo, por falta de tensión (por mucho que uno haga esfuerzos para evitarlo); pensé que podía arreglarlo a posteriori, tirando hilitos por la parte de atrás, de aquí y de allí. No. Lo que no está bien, está mal, da igual como se quiera disfrazar. Desconozco el truco por el cual en la revista quedó tan perfecto. Lo consulté a tricotadoras expertas que me comentaron la posibilidad de: no hacer el último punto del jacquard y trabajarlo normal en la siguiente vuelta, con lo que conseguimos tensionar más el hilo o bien, una vez hecho, hacer un reborde a ganchillo, que fue la opción por la que me incliné (ya lo había terminado!!!!!), pero que me da repelús cada vez que la miro (algún otro consejo para cuando se me haya olvidado esta desagradable experiencia??)


Perrito 3


Cuarto error: creer que, dado que era el mismo hilo, no tendría problemas con el metraje. Pues no, se me acabó el gris clarito antes de terminar la segunda manga, con lo que tuve que meterle un par de rayas en azul, que en teoría no iban.

Perrito 2


Quinto error: el cuello es raro de narices. Para mi que se olvidaron de algo al traducirlo al inglés (este número lo editaron el francés y después en inglés, pero cuando lo compré ya se les había acabado en el original y no me quedó más remedio que comprarlo en la versión traducida); al final le hice un borde retomando los puntos y... no sé, doblando un poquito sobre el hombro. Se disimula un poco con los botones de los huesitos, pero hace una subida por la parte trasera que, simplemente, no debería ir ahí. En otras circunstancias habría modificado el patrón, pero estaba taaaaaaan cansada...

Perrito (3 años, 6 meses y 9 días)


Sí, ya sé que todo eso da igual, porque Jorge está muy guapo con su jersey de perrito, que por supuesto le encanta (faltaría más!) y que flipa con sus botones de huesos. Además, es cómodo, ancho, fresquito y bastante grande para ser una talla de dos años, de lo cual me alegro, porque, a pesar de que casi lo terminé el verano pasado, no le puse los botones hasta el mes de marzo. Pero... yo lo miro de cerca (el 99% de las ocasiones) y se me revuelven la entrañas de tejedora...

Detalles del patrón en MiRav.

lunes, 29 de abril de 2013

Los dibujos animados.

Podría decir que en casa no se ve la tele y quedarme tan fresca, pero a decir verdad, sería más real decir que "casi" no se ve. De vez en cuando se enciende. Sobre todo lo hace papi, que le gusta mucho el ciclismo y los documentales. Pero si bien no la usamos mucho "en abierto" sí que la utilizamos con un fin determinado, vamos para ver alguna peli de DVD. Además, a Jorge, como a cualquier niño, le encantan los dibujos animados. Hubiera preferido que se mantuviera lejos de las pantallas un par de añitos más, pero lo cierto es que eso, igual que otras cosas, no lo he podido sostener durante mucho tiempo, ya que desgraciadamente vivimos en una sociedad en la que está tan interiozado el uso de la televisión que ni se plantea que pueda ser bueno o menos bueno para los niños y muchos menos se le pregunta a los padres si el niño puede o no puede ver los dibujos animados; si por la causa que fuera, no estás presente, y alguien amablemente pone a tu hijo a ver la televisión, no te debes quejar, porque en el fondo te están haciendo un favor. Además, a él le encanta (Y yo me pregunto, ¿cómo no le va a encantar si los dibus están especialmente diseñados para eso?) y mientras lo ve, está muy tranquilo o partiéndose de la risa.

Ya que estamos, he de añadir que no me gusta ningún derivado de Disney (léase pelis, ropa, juguetes, libros,....), pero tampoco de Dora, Bob, Pocoyo o Pepa. Y no es porque crea que los mensajes que envían sean nocivos, porque quiero creer que en esta franja de edad, hoy en día cuidan bastante esa faceta (la agresividad ya vendrá en los que tienen como público a niños un poco mayores), sino porque a mi no me gusta en absoluto todo el merchandising que les rodea, que obliga a los niños sutilmente a inclinarse por una pizarra de Bob Esponja antes que por una simple de madera, además de empaparse de los mensajes publicitarios que lanzan entre series y que incitan a la compra compulsiva de juguetes que no se necesitan pero que están "de moda". Y eso por no hablar de la vendida creencia de que ciertos dibujos fomentan la inteligencia del bebé / niño, porque les dan información extra o les hablan en inglés; señores, Barrio Sésamo era una gran serie, pero no se debe olvidar que estaba destinada a niños que vivían en ambientes deprimidos que carecían de otro tipo de estimulación. Los niños tienen que estimular sus sentidos, su motricidad fina, gruesa,... y ese tiempo que pierden delante de la tele es un tiempo precioso.

Bueno, dicho todo esto, que a muchos puede parecerles arcaico, he de decir que ya que Jorge demanda ver la televisión, al menos que lo que vea reúna ciertos requisitos (mientras pueda controlarlo, claro está): no esté ligado a ningún tipo de publicidad / merchandising, fomente el cuidado de la naturaleza, no tenga elementos agresivos y de pie a otro tipo de juegos. Siguiendo esté criterio, tenemos a su disposición en DVD's las series de "Jackie y Nuca", "Banner y Flappi" y "David el Gnomo". Me enamora ver cómo extrapola lo que sucede en los distintos capítulos a su mundo personal imaginario...


Las tres le encantan. Como en casa le leemos muchos cuentos de duendes, la de David causa en él un atractivo especial. Eso de que cure a los animales desvalidos le apasiona. El juego que se deriva de la serie no podría ser otro que disponer por el jardín a cuanto animalito tiene para irlos salvando de los peligros o curando sus males. Ya que David viaja sobre un zorro, Jorge no podía ser menos y llama con un silbido (mano en la boca y chillido agudo) a su fiel zorro Calima. Entre cuerdas mágicas y remedios caseros de hierbas para curar patitas rotas y dolores de tripa, se divierte de lo lindo. Y para dar besitos... a frotarse la nariz!!!

     Buscando huellas de zorros


Con Jackie y Nuca no tiene tan claro con que personaje se queda. Así que a veces lo puedes oir en el jardín diciendo a gritos "Jackie.... Nuca!!!!", tal cual hace Senda y otras, se transforma y deja de ser Jorge a secas, para convertirse en el osito Jorge (de ahí pueden sobrevenir desviaciones varias, tales como "soy un osito policía" o "soy un oso lechuza"). De este modo, en casa a menudo jugamos a que vivimos en una cueva (yo soy mamá osa, por supuesto, y la cueva hay que construirla en el salón), donde tenemos que estar juntitos y apretaditos porque fuera está nevando, pero cuando llega la primavera tenemos que salir a buscar comida. Y en cualquier sitio se nos puede ver "marcando el territorio" en árboles y farolas (rascar con las uñas el tronco, cuanto más alto mejor y después frotar el lomo... quiero decir, la espalda, para dejar impregnado el olor y que los demás osos sepan que ese es nuestro espacio y no se entrometan)

Soy un osito

La cueva del oso

Marcando el territorio


De Banner nos quedamos con la búsqueda de un bosque frondoso con frutos para llenar la tripa. Cada vez que salimos a dar un paseo por los alrededores de nuestra casa, vamos buscando el bosque soñado que siempre está detrás de la montaña. De todos los árboles vamos buscando los frutos más sabrosos y cuando volvemos siempre traemos los bolsillos llenos de piñas de pinos para pasar el invierno.

Buscando frutos para pasar el invierno 
(II)

Buscando frutos para pasar el 
invierno

Supongo que cuando en un futuro me pida abiertamente que quiere ver tal o cual cosa por la televisión, no podré negarme (si es algo aceptable para su edad, claro), sin embargo, procuraré mantenerlo un poco alejado de ese mundo todo el tiempo que pueda. Creo que se puede vivir sin saber que "ese ratón de orejas grandes" se llama Mickey... Además, me gustaría que Jorge sepa que existen muchas versiones de Cenicienta o de Blancanieves, tantas como ilustradores, y que sean ellos y mi voz  los que le inspiren a crear su propia versión.

martes, 16 de abril de 2013

Jersey CieloDeInvierno


Jersey "CieloDeInvierno" (3 años, 6 meses y 8 días)

Cuando miro a Jorge con este jersey, no puedo evitar pensar en  un trozo de cielo de invierno. Con sus jirones de nubes claras y nubarrones de tormenta, casi color pizarra, cargados de agua. Esos días son mis favoritos del año. Así que no es de extrañar que me enamorara locamente desde que lo vi en la revista Phildar de hace dos inviernos. Tanto, tanto, que encargué el hilo directamente a la casa, a pesar de saber que no era una gran opción (Phil Tweed: 41% poliamida, 29% acrílico, 23% lana y 7 % seda = un leve cri-cri-cri que me pone pelín de los nervios), pero es que.... me gustó tanto la combinación de colores!! (agujas inquietas y curiosas, mejor pasar por SanRav). Eso me da por pensar con la barriga y no con la cabeza!!! Además, reconozco públicamente y muy a mi pesar, que lo compré en dos colores más. En mi defensa puedo decir que los tweed son una de mis pasiones secretas.

Jersey "CieloDeInvierno" II (3 años, 6 meses y 8 días)

Lo empecé cuando mi madre estaba en el hospital. Ella llegó a ver la mitad de la trasera hecha. Le encantó. Y el jersey se quedó ahí. Esperando a que llegara el momento de sacar fuerzas para retomarlo. No lo toqué hasta enero. Y después de muchos paseos en el bolso de las lanas, un día llegó su minuto de gloria y en un par de empujones salió enterito.

Jersey "CieloDeInvierno" con abuelo

Así que para estrenarlo, ningún lugar mejor que dando un paseo con el abuelo por la finca. Durante una de nuestras escapadas. En Semana Santa. Vacaciones cortas, pero intensas. Con emotivos (re)encuentros e interesantes (re)descubrimientos. Desde el momento que nos fuimos tenemos ganas de volver.

Nota aclaratoria por si alguien piensa en comprar este hilo: al tejerse, hace un suave cri-cri, pero no pica en absoluto. A Jorge le gusta mucho. Soy yo, que me he vuelto una exigente...

domingo, 7 de abril de 2013

La cuaspa

"Falta mucho para la cuaspa?" Me suelta Jorge un día cuando veníamos de camino a casa.
"Mande?"
"Que si falta mucho para la cuaspa!!" Tardé largos minutos en entender la pregunta, a pesar de que me la repetía una y otra vez.
"Quieres decir... para la Pascua?"
"Sí, eso, para la cuaspa"

Cara de interrogación y mamá que no tenía ni idea.
Después me entero que claro, le habían contado que por Pascua, venía una liebrecilla que traía huevos a los niños.Y es aquí donde nace la intriga por el momento que está por venir. Y las preguntas a los papás casi cada día.

Liebrecita III


Más o menos un mes antes, nos pidieron que lleváramos huevos vacíos (hábilmente vaciados con un alfiler y buenos pulmones) para que los decoraran los niños. Y el último día antes de Semana Santa, volvieron a casa con una maceta de creciente trigo, decorada con un huevo pintado de rojo inserto en una brocheta. Lindo. Lindo.

 Liebrecita II

Pero la liebrecilla no había pasado aún. El evento se reservaba para después de las vacaciones.
El viernes, la liebrecilla vino al cole y dejó en los rincones del jardín huevos decorados para los niños. Jorge fue el primero en encontrar el suyo!!!!! Estaba de orgulloso...

Liebrecita

En agradecimiento, cada uno de los niños le dejó en el sitio donde había encontrado su huevo, un dibujo, para que se lo llevara como recuerdo. Y, cuando salieron de nuevo al patio... no había ninguno!!!! La liebre se los había llevado todos!!!
Aguantó las ganas de partir su huevo hasta que llegó papá del trabajo. Depués, en un abrir y cerrar de ojos y a pesar de haber terminado comer hacía rato, se zampó el huevo duro que había dentro de la cáscara pintada de azul... menos mal que era colorante alimenticio...

Liebrecita IV

El cuento de esta semana, no podía ser otro que el de la liebre de Pascua. En el cole. En casa. Además, de la biblioteca también hemos sacado "El pollito de Pascua".

Tradición no usual por estos lares. Me repatea un poquito la importación de costumbres foráneas. Pero reconozco que los niños han disfrutado muchísimo y la ilusión con la que los peques contaban cómo había sucedido todo... bien merece que pase por el aro y cuente, con cara de credulidad, cómo la liebrecilla trae un montón de huevos en su cesta para que los niños celebren la Pascua...