lunes, 9 de junio de 2008

Zen

La semana pasada, aprovechando el puente, me di un saltito a La Palma. Además, solicité el lunes libre y así tuve cuatro días para desconectarme del "ruido". Allí, viendo como están empezando a despuntar los racimos de uvas, viendo lo maravilloso que es mi valle y escuchando el silencio, me he dado cuenta de que en este momento, el mundo está girando muy rápido para mi y que yo, por lo pronto, me bajo. No estoy por la labor de seguir jugando a los enfrentamientos, a plantarle batalla al dragón. He pasado por todas las fases: ira, culpabilidad, frustración, tristeza, llanto, depresión,... hasta darme cuenta de que con todo ello no voy a conseguir nada, dado que esta situación no la he generado yo, ni una disminución de mis capacidades laborales y por lo tanto, poco puedo hacer para que desaparezca. Sólo me afectará lo que yo permita que lo haga. Una vez que he podido tener claros esos aspectos, no resulta complejo restar importancia a las acciones que en las últimas semanas se han acometido desde mi jefatura.

Que me retiran paulatinamente mis funciones... Estoy zen.
Que no puedo asesorar en temas en los que trabajo desde hace diez años porque "carezco de formación" (ja!)... Estoy zen.
Que mi jefe justifica su decisión ante mi jefa, sobre la autonomía de mi área, en que yo voy a denunciarla por mobbing, así que es mejor tenernos alejadas (de lo cual me acabo de enterar), en vez de decirle la verdad sobre esa cuestión, generando que en el último año mi jefa cambie el semblante nada más verme... Estoy zen.
Que mi jefa no entiende como, ahora que se avecinan curvas, yo no "me posiciono" (supongo que a su vera, porque a otros niveles bien posicionadita que me encuentro)... Estoy zen.

Tipika

Que hacen una reestructuración del servicio y se cargan mi área porque mi jefe "ha perdido una apuesta"... Estoy zen.

Mi caso es sólo una hojita en un árbol. El problema estructural es mucho mayor. La dinámica interrelacional que se ha generado es muy peligrosa y no creo que tarde en darse cuenta o en que algún buen samaritano se lo eche en cara. Yo no voy a hacer nada para que mi jefe caiga. Ni siguiera voy a soplar. No lo necesita. Pero tampoco voy a estar allí para ayudarle a recoger los pedazos.
Editado para añadir que la ilustración no es de Claudia Degliuomini, sino de Patricia Metola. Sorry!

14 comentarios:

Pilar dijo...

Cierta gente no merece ni mas ni menos que nuestra total indiferencia. Haces bien. Te deseo paciencia y fuerza de voluntad para aguantar la que viene. Un abrazo.

Laurita dijo...

Uf.......................

Sin palabras me dejas, Adijirja, tienes que ser de hierro para soportar algo así. No me cabe duda que debes amar tu trabajo de un modo sobrehumano; de otro modo, no sé cómo podrías aguantar.

La mayoría de los villanos a los que te enfrentas a diario suele caer por su propio peso. Espera y verás.

Besos y mucha fuerza.

Mrs. Knook dijo...

Joe menuda movida, pobre!!! Espero que pase lo que pase a ti te salga todo bien, paciencia!! Un beso y muchos ánimos guapa.

Satautey dijo...

Te copio.....

van dijo...

a partir de ahora, yo también estoy zen, te lo robo...

estoy zen... suena bien

un beso enorme desde Madrid

cristi dijo...

yo mas que zen estoy zzzzzz que me duermo parada...necesito unos dias libres ojala sean mas de 90 dias jajajaja
muchas suerte y animo vamos que se endurezca la cascara pero no tu corazón ...un abrazo grande sé que vas a saber pasar de todo esto...no sé merecen mas energias

Glora dijo...

Te deseo suerte y mucho ánimo... qué positivo el cambio en tu mirada!
Un beso!

violetazul dijo...

Mucha fuerza y mucho ánimo... que es lo que necesitas para poder aguantar todo eso.. ni mires cuando caiga.. que con lo buena que eres, seguro que al final despierta en tí hasta compasión..
Te mando un super abrazo.. bueno mejor te lo doy prontito.. ;-)))

anfibioticos dijo...

ficciones envasadas en hechos reales.

Luisilla dijo...

Ánimo,
Yo no lo soporté y me fuí, consiguiendo un resultado espectacular: por fin me quedé embarazada y cuando quise volver a trabajar no te creas que me costó mucho (solo dos meses).
No conseguí ponerme zen nunca, soñaba con que estrangulaba a mi jefa y a la borde que la ayudaba a hundirme la cabeza bajo el agua.
No las odio, ahora solo me acuerdo de ellas muy de cuando en cuando y se podría decir que "casi" lo he olvidado. Gastaba muchas energías en odiarlas.
Ponte el impermeable y que todo te resbale y empiza a buscar otra cosa, siempre será para mejorar.
Un abrazo muy fuerte, preciosa.

Avene dijo...

Lo que suele pasar es que a la mala gente la "cata" todo el mundo, así que cuando caiga mira para otro lado. No merece que gastes ni un poquito de tu energía. Muchos ánimos y besotes, amiga.

ana dijo...

eres admirable!!! mándale este texto a tu "jefe" a ver si se le contagio un mínimo de sensibilidad!!!

Besos y ánimo

Shingen dijo...

El Zen, es lo mejor que poseemos en esos casos, esa concentración en la nada y dejar pasar lo pensamientos; los buenos y los malos. Espero que la experiencia haya sido buena...

Me gusta tu blog, es fresco. He llegado por casualidad o por destino... Pero me quedaré aquí sentado leyendo tus palabras. Como medio canario y como amante del Zen.

Besos, algo lejanos, y que lleguen cálidos y suaves hasta ti.

çläu dijo...

hola adijirja!
luego de leer estas palabras espero que la situación esté superada, por tu bien.
muy bonita la ilustración que la acompaña, pero... no es mía!
te agradezco tus paseos por mi rincón y tus lindas palabras, besitos.